sábado, 19 de diciembre de 2009

The Way to Fight


(Kenka no hanamichi: Oosaka saikyô densetsu) Japón, 1996. 114m. C.
D.: Takashi Miike
I.: Takeshi Caesar, Ryoko Imamura, Kazuki Kitamura, Tomohiko Okuda

Once años antes de Crows Zero, Takashi Miike ya abordó el universo de las peleas de gamberros en un ambiente escolar con The Way to Fight. Pero mientras que en la primera Miike traslada todos los estilemas y recursos estéticos del manga y del vídeo-juego, buscando conseguir un film en el que la épica y la dramaturgia sustituyen a la realidad, en The Way to Fight la operación es diferente. De hecho, lo que nos muestra es cómo bajo ese envoltorio de acción se puede esconder el drama.

Durante la primera mitad de The Way to Fight, Takashi Miike sí parece recurrir al tópico. Entre los personajes principales nos encontramos toda una galería de lugares comunes: el matón que se impone como líder de su instituto a base de retar a todo aquel que le haga sombra; su compañero inseparable, que le busca las peleas; la amiga de ambos, siempre ataviada con su uniforme escolar, enamorada del primero y que gusta al segundo; el líder de una escuela rival que será desafiado. Durante esta parte, el film hace gala de un tono distendido, con abundantes apuntes cómicos (el restaurante en el que trabajan los dos protagonistas se hace popular gracias al ingrediante secreto con el que preparan el ramen: la carne de rata; el alumno que aspira a ser el rey del colegio que no para de desafiar a todo el mundo para acabar siempre recibiendo una paliza).

Pero todos estos tópicos son de cara a los demás. Cuando los protagonistas se quedan solos todo cambia. Ya se pueden quitar las máscaras que los hacen duros y pueden lamerses sus heridas en la intimidad. El alumno que es derrotado una y otra vez puede tener la clave de todo. En uno de los momentos en que es dejado tirado en el suelo se nos muestra la colección de mangas de artes marciales a los que es aficionado. Los adolescentes que integran el mundo de The Way to Fight se comportan así porque es lo que creen que se espera de ellos y, también, porque la realidad les parece demasiado dura como para enfrentarse a ella. Es más fácil meterse en pequeñas peleas para conquistar insignificantes territorios.

Lo personajes reciben puñetazos y sangran sin que parezca que les duela demasiado. Es lo que hay en su interior y la imposibilidad de compartirlo con los demás lo que realmente les afecta. En una escena, la protagonista está a punto de masturbarse cuando es interrumpida por su madre; paralelamente, se nos muestra como el chico que está colado por ella hace uso de los servicios de una prostituta con resultados desastrosos. Ambos intentan llenar el vacío sentimental que los angustia a través de lo carnal. En este sentido, el final de la película es significativo: el enfrentamiento entre los dos líderes de cada instituto se convierte en una batalla campal entre todos los asistentes al combate en un tono de farsa que contrasta con la muerte natural de un familiar. La espectacularización de la violencia para mitigar la crudeza de la muerte.