jueves, 10 de diciembre de 2009

El beso del asesino


(Killer's Kiss) USA, 1955. 67m. B/N.
D.: Stanley Kubrick
I.: Frank Silvera, Jamie Smith, Irene Kane, Jerry Jarrett.

Una vez borrado del mapa de su filmografía el film bélico Fear and Desire, realizado dos años antes, decepcionado por los resultados artísticos conseguidos, Stanley Kubrick situó El beso del asesino como su ópera prima oficial. Curiosamente, hoy en día en un film casi olvidado y para la mayoría de aficionados la filmografía del director norteamericano empieza con Atraco perfecto. Al igual que ésta, El beso del asesino es un relato de cine noir en blanco y negro que nos presenta a un boxeador fracasado intentando comenzar una nueva vida junto a su vecina, quien arrastra un pasado traumático que ha marcado su presente. Ambos son dos seres descarriados que se autocastigan como manera de expiar las culpas por una vida que ellos mismos se han encargado de llevar a un callejón sin salida (al comienzo del film, antes de un combate, Davey, se mira en un espejo y tuerce su nariz con un dedo, como si ya supiera que el resultado del combate está decidido en su contra; Gloria trabaja en un salón de bailes, siendo la pareja de quien pueda pagar su compañía y mantiene relaciones con un hombre que detesta). El destino les colocará uno enfrente de otro, para que vean reflejado en el otro su propia vida y, de esa manera, puedan encarrilarla.

El beso del asesino es un modesto film de bajo presupuesto en el que Kubrick se hizo cargo práctimante de todo el apartado técnico (dirección, guión, producción, fotografía y montaje). Quizás por ello, los personajes se mueven en ambientes humildes, casi degradados. Al principo del film, se nos muestran los carteles del próximo combate del protagonista, todos ellos rotos, tirados en el suelo o arrastrados por el viento: síntoma de una carrera que ya no interesa a nadie. El protagonista vive en un diminuto apartamento y tendrá que enfrentarse a un grupo de matones de baja estofa: una versión callejera de la mafia. El propio Davey dará muestra de un escaso heroismo, un don nadie metido en problemas sin el carácter para enfrentarse a ellos: cuando intenta salvar a Gloria, es incapaz de desatar las cuerdas que la aprisionan y apuntar a sus enemigos a la vez; en cuanto puede, huye de éstos dejándola en poder de los malhechores.

Si bien nos encontramos lejos del perfeccionismo técnico por el que Kubrick alcanzará fama (y no poca polémica) en posteriores películas, El beso del asesino ofrece algunos detalles visuales que dan muestras del incipiente talento del director de La naranja mecánica: desde ciertos planos de composición geométrica (el protagonista hablando con su familia por teléfono mientras en el espejo se refleja Gloria; la toma desde las escaleras del salón de baile; Davey esperando en la estación de tren o empequeñecido por los gigantescos edificios que parecen burlarse de su insignificacia existencial) a estilizados movimientos de cámara (Gloria atravesando la calle en travelling lateral; el travelling subjetivo con la película en negativo, premonición del aciago futuro del protagonista) así como una estructura con flashbacks dentro de otros flashbacks. En el enfrentamiento final, los dos rivales por el amor de Gloria lucharán en un almacén lleno de maniquíes en un anticipo de posteriores logros del director: los combates de gladiadores de Espartaco; y los maniquíes, espectadores insensibles de una lucha a muerte como reflejo de la progresiva deshumanización del cine del autor de 2001: Una odisea del espacio.