martes, 22 de diciembre de 2009

Adaptation. El ladrón de orquídeas


(Adaptation.) USA, 2002. 114m. C.
D.: Spike Jonze
I.: Nicolas Cage, Tilda Swinton, Meryl Streep, Chris Cooper

Adaptation. El ladrón de orquídeas nos habla de la búsqueda y de la obsesión. O, directamente, de la búsqueda de una obsesión. Obsesión entendida como ese centro de atención que dé sentido a nuestra existencia. Algo que nos dé motivos para seguir viviendo, para seguir investigando. Para seguir conociendo. Charlie Kaufman y Susan Orlean viven en sendos mundos formados de oropel (la industria cinematográfica de Hollywood y la alta y refinada cultura neoyorkina, respectivamente) que acentúan el vacío de su existencia. Susan Orlean encontrará en John Laroche, un buscador de orquídeas experto en adaptarse a los reveses de la vida, el foco de atención que le permita descubrir todo un nuevo mundo basado en la belleza de las pequeñas cosas que con su misma existencia, al margen de la atención de todos, sostiene la vida (como las abejas y las orquídeas). Para Charlie, en cambio, será esa odisea iniciática de Orlean la que le iluminará el camino para salir del claustrofóbico y solipsista mundo en que sus inseguridades le han encerrado.

Charlie Kaufman (el guionista de la película y, a la vez, el protagonista de ésta) y Spike Jonze utilizan los mecanismos de la metaficción para refexionar acerca del proceso creativo y los lazos que establece entre el creador y la creación: la página en blanco como metáfora del bloqueo mental del escritor; la búsqueda de la pureza, de la esencia misma de las historias, del arte en suma, en un mundo corporativo; la dualidad cine comercial/cine personal que puede coexistir en una misma persona. Realidad y ficción, el pasado y el presente, lo subjetivo y lo objetivo, se mezcla en un caos narrativo que Jonze consigue mantener en orden gracias a una puesta en escena controlada, consciente de la brillantez del guión, y a la vez sabedor que sólamente la gravedad de las imágenes puede salvar a Adaptation. El ladrón de orquídeas de caer en la autoindulgencia intelectualoide.

A la hora de llevar a cabo la adaptación de El ladrón de orquideas, de Susan Orlean (libro y autora reales), Charlie Kaufman (el personaje) deja bien claro en la entrevista con una ejecutiva del estudio que va a producir el film que no quiere transformar el libro en la típica película comercial hollywoodense. Que en su climax, Adaptation. El ladrón de orquídeas acabe enlazando uno a uno todos esos lugares comunes que inicialmente se querían evitar no significa que la película de Spike Jonze se rinda ante la imposibilidar de escapar de los clichés de la industria. Poco antes del final, Charlie recibe una de las definiciones más hermosas de lo que es el amor y, por tanto, de lo que es la vida: no se trata de la visión que los demás tenga de nosotros, sino de lo que sintamos en nuestro interior por ellos. No importa que en su parte final Adaptation. El ladrón de orquídeas se convierta en una película de acción comercial típicamente americana, sino la emoción que mueve esa acción.