sábado, 12 de diciembre de 2009

Osaka Tough Guys

(Naniwa yuukyôden) Japón, 1995. 101m. C.
D.: Takashi Miike
I.: Sei Hiraizumi, Kentarô Nakakura, Hachirô Oka, Yoshiyuki Omori.

Los primeros minutos de Osaka Tough Guys resultan tan desconcertantes como clarificadores de las intenciones de su director, Takashi Miike. El film arranca con unos planos de la bulliciosa vida noctura en la ciudad de Osaka. Las calles repletas de gente, la iluminación de los carteles de anuncios que parece querer rivalizar con la oscuridad de la noche, el humo que sale de los bares. Los protagonistas del film, Makoto y Eiji, salen de uno de esos bares con una considerable borrachera. El encuentro con un grupo de macarras que están molestando a una chica originará una pelea en la se utilizarán como armas defensivas tanto los puños de Makoto como los contínuos vómitos de Eiji. Hasta aquí, Osaka Tough Guys se nos presenta como un film más o menos realista. Pero, de improviso, aparece un tipo vestido de militar que es perseguido de manera implacable por una extravagante criatura (una especie de gigantesca muñeca repollo) a los sones del tema de Terminator, de Brad Fiedel. Esta mezcla de realismo y parodia será una constante en el film.

Osaka Tough Guys es una comedia delirante, grotesca y, en numerosas ocasiones, surrealista. Los progresos de los dos amigos en un decadente clan yakuza es un encadenado de gags, casi a modo de autoconclusivas tiras cómicas, cuyo motor casi siempre es de raiz escatológica o sexual (o ambas a la vez). Una mezcla entre un humor infantil en su simpleza y pervertido en sus intenciones, aderezado con recursos expresivos sacados del manga e, incluso, elementos metalingüísticos (la escena en la que uno de los personajes destroza un local de karaoke con sus cantos y, de paso, la pantalla del espectador).

Pero, además, en el fondo Osaka Tough Guys también ofrece un panorama desolador de las escasas opciones de la juventud nipona. Producto de un sistema educativo deficiente y corrupto, Makoto y Eiji son carne de cañón para los clanes yakuza, que reclutan a sus miembros entre una juventud de raquítico pasado y escaso futuro. La novia de Makoto ve cómo sus aspiraciones de convertirse en una estrella de cine la llevan a ser utilizada como involuntaria actriz en producciones pornográficas ilegales patrocinadas por la yakuza. Incluso el clan al que pertenece los protagonistas tiene que hacer uso de negocios absurdos y trapicheos vergonzosos en un panorama decadente en el que hace tiempo que se perdió la elegancia y el honor. Osaka Tough Guys recurre al humor más absurdo como fórmula evasiva para retratar una realidad demasiado cruda y deprimente.