lunes, 14 de diciembre de 2009

WALL·E


(WALL·E) USA, 2008. 98m. C.
D.: Andrew Stanton
I.: Ben Burtt, Elissa Knight, Jeff Garlin, Fred Willard

1. Posiblemente WALL·E sea lo más cercano que un estudio de animación occidental puede estar del estudio Ghibli. Como no podía ser de otra manera, estamos hablando de Pixar Animation, quienes desde la fundacional Toy Story han invertido todos sus esfuerzos no sólo en desarrollar las posibilidades técnicas de la animación 3D, sino en demostrar que bajo la tecnología del mañana puede pulsar el corazón del pasado.

Como en las películas de Hayao Miyazaki, en WALL·E se combina el lirismo con la épica para desarrollar un mensaje ecologista quizás obvio, pero demoledor en su crítica a la capacidad del hombre por destruir el propio planeta en el que vive en búsqueda de un paraíso tan perfecto cómo estéril de emoción. En sus imágenes conviven el profundo aliento de la poesía con el arrollador tour de force de una búsqueda contrarreloj. Los dos protagonistas del film definen a la perfección las características de éste: un desfasado robot diseñado para recoger basura y una estilizada arma de destrucción masiva pueden protagonizar una historia de amor tan tierna como prototípica.

2. Cuando John Lasseter, fundador de Pixar Animation, se convirtió en el director creativo de los estudios Disney, una de sus primeras decisiones fue volver a abrir los estudios dedicados a la animación tradicional que recientemente, y en una decisión reprobable, habían sido cerrados. Que WALL·E, al igual que el resto de producciones de Pixar, luzca un acabado técnico ya no sólo de primera, si no a la vanguardia del resto de compañías, no significa que haya olvidado a sus ancestros.

La primera media hora del film, carente por completo de diálogos, es un encadenado de gags visuales cuya composición y perfecto timing retrotae tanto al cine cómico mudo como a los cartoons más primigenios. Si Miyazaki sigue empeñado en crear películas artesanales, Pixar combina el lápiz y el ratón en una simbiosis que delata que detrás de las imágenes hay animadores pura sangre. Un ejemplo son los créditos finales de WALL·E en los cuales aparece caracterizados los personajes mediante píxeles, como si fueran protagonistas de un vídeo-juego arcaico. En este sentido, la historia de WALL·E es toda una declaración de principios: el encuentro de una cinta de casette y un iPod convertido en una de las relaciones más emocionantes de los últimos años.

3 comentarios:

OLAHF dijo...

Que dificil es estar deacuerdo contigo y que facil me esta siendo en esta ocasión, wall-e consigue conmover como las pelis de antes siendo muy buena tecnicamente, algo que parece que en el cine de actores reales actual corre en sentido contrario, me alegro que la hayas visto ya y la hayas disfrutado espero que tanto como yo.

fer1980 dijo...

Poco que añadir, como ya te dije me parecio una pelicula magnifica, con un inicio y final realmente brillantes y en la que, aunque el "nudo" sea algo más convencional no quita que sea un peliculon con todas las letras.

PD: Le tenías que haber puesto 5 estrellas, ¡tacaño!, xd.

Int dijo...

Cierto que la parte central de Wall·E puede resultar convencional pero no hay que quitarle tampoco mérito, pues resulta de lo más trepidante. Quizás el problema es que pasamos de la poesía a la prosa, y ahí se pierde magia.

Y estoy con Olahf en que pocas historias de amor hemos visto en el reciente cine de imagen real que conmueva tanto como Wall·E.

En cuanto a las puntuaciones, es posible que el film sí se merezca la máxima puntuación. De todas formas las estrellitas no es más que una convención, un divertimento, que no hay que tomarse demasiado en serio. Como decía el crítico Jesús Palacios, a veces poner una estrella de más o de menos depende de con qué pié te has levantado ese día.

Saludos.