lunes, 7 de noviembre de 2011

Scream 4

(Scre4m)
USA, 2011. 111m. C.
D.: Wes Craven P.: Wes Craven, Iya Labunka & Kevin Williamson G.: Kevin Williamson I.: David Arquette, Neve Campbell, Courteney Cox, Emma Roberts

Teniendo en cuenta que, tras el inesperado éxito de Scream. Vigila quien llama, sus dos principales creadores, el director Wes Craven y el guionista Kevin Williamson, aseguraron que ésta era la primera entrega de una trilogía planificada de antemano, resulta lógico que ante esta nueva entrega estrenada once años despúes de la supuestamente definitiva Scream 3 el espectador tuerza el gesto ante la impresión de encontrarse ante un run for cover en toda regla. El hecho de que repitan todos los actores originales retomando los mismos personajes convierte a Scream 4 en una de esas decadentes reuniones de antiguos alumnos en las que estos recuerdan los días felices en los que todos soñaban con un futuro prometedor el cual, pasados los años, se ha quedado en eso, un sueño (ninguno de los actores ha logrado consolidar su estrellato en la gran pantalla y los siguientes estrenos de Craven y Williamson se han saldado con rotundos fracasos).

Como si fueran los primeros en ser conscientes de ello, Craven y Williamson diseñan el prólogo de la película como una declaración de principios. Si en las tres entregas anteriores se utilizaban los primeros minutos para establecer las bases del juego autorre-ferencial que se iba a desarrollar y como arrollador inicio en forma de set-piece, en Scream 4 realidad, ficción y metaficción se confunden en una reiterativa estructura de muñecas rusas tan excesiva como paródica con la que sus creadores parece querer entonar un mea culpa por volver a caminar por un terreno ya transitado. Pero hay algo más: una de las chicas que protagonizan el prólogo dice a su amiga que quiere ver Saw, a lo que la otra le contesta que no le gusta el torture porn. Sin duda, Craven y Williamson quieren adaptarse a los nuevos tiempos, pero sin perder su identidad. Así, con ese comentario reivindican la importancia del slasher en su concepción más pura y blanda en detrimento de la explotación del dolor y el sufrimiento de films como la mencionada saga de Saw, Hostel o Martyrs.

No resulta extraño que, tras reflexionar sobre el cine de terror, las secuelas y las trilogías, en Scream 4 se utilice como medio conductor el fenómeno del remake o (como se dice hoy en día) reboot, el cual existe desde los inicios mismos del cine, pero que en los últimos años ha adquirido una especial relevancia, especialmente para el cine de terror. De esta manera, Scream 4 juega a fusionar los conceptos de secuela y remake (algo habitual en las franquicias del género), relacionando a los conocidos personajes de las entregas anteriores con sus, supuestos, nuevos (y jóvenes) sustitutos.

Y es en este terreno donde aparece una de las ideas metalingüísticas más atractivas de esta cuarta parte y que se traduce en un curioso y efectivo tono crepuscular. Neve Campbell ya no es la adolescente de las primeras películas, David Arquette ya no tiene treinta años y Courteney Cox se dirige a los cincuenta. Sus personajes quieren olvidar ya sus constantes enfrentamientos con todo tipo de psicópatas con la máscara de Ghostface y poder iniciar una vida diferente: Sidney presenta en su pueblo natal su autobiografía con la que quiere zanjar esa parte de su pasado, Dewey se ha convertido en el sheriff de Woodsboro y Gale, casada con Dewey, ha abandonado su carrera como periodista para dedicarse a escribir ficción. Pero ninguno de esos planes parece fructificar (Sidney es denominada "el ángel de la muerte", porque todos los que se le acercan mueren horriblemente; Dewey se ha acostumbrado a un día a día rutinario en el que lo más emocionante son las insinuaciones que le hace su joven ayudante; Gale se enfrenta cada mañana a la hoja en blanco del procesador de textos sin saber con qué llenarla). Mal que les pese, Ghostface se ha convertido en parte de su vida, lo único a lo que pueden agarrarse para darle sentido. Al igual que les ocurre a sus respectivos actores.

Es posible que a Wes Craven y a Kevin Williamson no les guste el torture porn, pero saben que a la audiencia a la que se dirigen sí, a tenor de las elebadas cifras que siguen consechando cada entrega. De ahí que Scream 4 haga gala de una fisicidad en los asesinatos inédita hasta el momento en la serie. Craven sigue planificando las escenas de suspense acudiendo a los lugares comunes del género (demostrando que la experiencia ha hecho del director de La serpiente y el arco iris un realizador con oficio, pero carente de una mirada personal) pero, en esta ocasión, se detiene a la hora de retratar el acto de matar en sí, deleitándose con la forma con la que el cuchillo penetra en la carne, desgarrándola, y en la brutalidad del acto: Jill y Kirby viendo a través de la ventana como su amiga, que vive en la casa de enfrente, está siendo apuñalada; Sidney entrando en la habitación de esta última, cuyas paredes están cubiertas de sangre, y encontrando el cadáver encima de la cama con las tripas sacadas; la mujer que, tras ser apuñalada, es lanzada sobre el techo de una furgoneta; el policía ciego tras recibir una puñalada en la frente que se arrastra buscando a su asesino mientras éste se le queda mirando sin moverse.

Sin duda, los tiempos han cambiado. Los adolescentes de Scream 4 son más descreídos y menos inocentes que sus predecesores (destacar el memorable momento en el que Kirby, para salvar su vida, recita de golpe todos los remakes de películas de terror que se han realizado en los últimos años) y tiene la tecnología de su parte (teléfonos móvil con acceso a las redes sociales, mini-cámaras conectadas a Internet). Siguiendo el plan original de los fundacionales Billy y Stuart, el asesino de Scream 4 se hiere a sí mismo para poder pasar como una de las víctimas en una tremenda escena en la que se apuñala, golpea contra las paredes y salta de espaldas sobre una mesa de cristal, llevando al extremo la idea de sus antecesores en todo un despliegue de brutalidad masoquista.

Pero Craven se guarda una pequeña nota de esperanza para el futuro del género: en el excelente clímax final, los tres protagonistas de la saga se reunen en una habitación de un hospital para acabar con el asesino. La imagen de Sidney, Dewey y Gale tumbados en el suelo, derrotados y sangrando pero resistiendose a morir, nos demuestra que por mucha fuerza con la que vengan las nuevas generaciones, éstas siempre sucumbirán ante la sombra de los clásicos. Puede que el mensaje sea conservador, pero sin duda resulta coherente viniendo de un director ya otoñal como es el viejo zorro de Wes Craven.