jueves, 22 de septiembre de 2011

Superman

(Superman)
UK/USA, 1978. 143m. C.
D.: Richard Donner P.: Alexander Salkind & Pierre Spengler G.: Mario Puzo, David Newman, Leslie Newman & Robert Benton, basada en una idea de Mario Puzo, basado en los personajes creados por Jerry Siegel & Joe Shuster I.: Marlon Brando, Gene Hackman, Christopher Reeve, Margot Kidder

Recuperar hoy Superman, la primera gran adaptación de un personaje nacido en el comic a la pantalla grande, cuando este tipo de adaptaciones está más que nunca de moda, hasta el punto de que han configurado un género en sí mismas, ver hoy de nuevo la película de Richard Donner, decíamos, no sólo permite comprobar cómo la estructura base que planteó sigue estando vigente, sino que, quizás incluso potenciado por el paso del tiempo, transmite una grandiosidad y unas ambiciones fílmicas que echamos de menos en las muestras más recientes. En resumen, la mayor parte de los films superheróicos estrenados recientemente siguen fielmente la letra del libro de estilo escrito por Superman, pero carecen de su espíritu.

Una grandiosidad anunciada por la extraordinaria secuencia de créditos: los efectos de sonido que acompañan a los créditos perdiéndose entre las estrellas del universo; la mítica partitura de John Williams, cuyas sonoridades recuerdan a la no menos antológica partitura de La guerra de las galaxias, aportando por sí misma un tono épico y legedario; y la dilatación de la secuencia en sí, configurándose como una parte importante del conjunto y no una mero convención, transmite una sensación de historia más-grande-que-la-vida: un espectáculo como jamás hemos visto está a punto de comenzar.

La imagen de fondo sobre la que aparecen dichos créditos supone un viaje a través del espacio, alejando al espectador de su entorno conocido -la Tierra- para colocarle en un territorio desconocido y, por tanto, mágico. Una grúa nos acerca al planeta Krypton, introduciéndonos entre sus edificios de cristal, abriéndonos las puertas a lo maravilloso. El diseño general de Krypton transmite un clima de frialdad -una tecnología basada en cristales informáticos; unas vestimentas basadas en el color blanco; una arquitectura que parece construida sobre grandes bloques de hielo- propio de una civilización tan avanzada que parece haber dejado atrás sus emociones -la razón por la cual la comunidad científica se niega a creer a Jor-El cuando este anuncia la inminente destrucción de su planeta-. Donner dirige de manera majestuosa este segmento, subrayando la decadencia de un mundo llevado a su extinción por su propia grandilocuencia, pero también motivado por el respeto de observar a una raza extraterrestre con la que no podemos empatizar.

En cambio, el siguiente bloque, la niñez y adolescencia de Superman en la granja de su padres adoptivos en la Tierra, luce unas tonalidades doradas, basadas en una paleta de colores cálidos, que contrasta con la frialdad de su planeta de origen. De esta manera, durante su primera hora Superman retrata el crecimiento, no sólo físico, sino también moral, de su protagonista: creciendo en un ambiente basado en el contacto con la natutaleza -los hermosos planos del trigo recortado por un firmamento crepuscular- y el amor de sus padres -para quienes la llegada del bebé, caído literalmente del cielo, es recibido como un milagro-, conociendo también el dolor del rechazo -es incapaz de integrarse en los grupos más populares del instituto-, Clark Kent aprende a valorar el calor de las emociones humanas, las cuales combinadas con su genética extraterrestre, su personalidad de Kal-El, darán como resultado la pureza y el poderío de un superhéroe absoluto como es Superman. Así, Clark sentirá en su interior la llamada del deber, alejándose de ese ambiente familiar para recuperar el contacto con sus ancestros encerrándose en la Fortaleza de la Soledad construída en medio del ártico, cuyo paisaje helado le devuelve a su planeta natal.

Como comprobamos, Superman se compone de una serie de partes identificadas con los diferentes tramos de la vida de su personaje. De ahí que con la llegada de Clark Kent a la bulliciosa Metrópolis, empezando a trabajar como periodista en el Daily Planet, vuelve a cambiar el tono en busca de un nuevo contraste. Tras la frialdad de la primera parte en Krypton y la calidez de la segunda en la granja de los Kent, las escenas que transcurren en la ciudad hacen gala de un estilo gris y monótono, carente de la majestuosidad y la belleza apuntadas anteriormente, en función de un entorno urbano egoista y acostumbrado a vivir deprisa -Lois Lane no busca transmitir la verdad en sus artículos, sino conseguir ganar un premio Pulitzer-. La apariencia torpe y cobarde de Clark Kent parece surgir como reflejo de la mediocridad que le rodea, la cual, quizás, condene a la humanidad a un futuro parecido al del superevolucionado planeta Krypton.

A estas alturas, ha quedado evidente que Superman es una película subjetiva, en la cual los hechos narrados son filtrados por el punto de vista de su protagonista principal. La irrupción de la silueta multicolor del superhéroe en el caos de metrópolis no sólo sirve para combatir al crimen, sino para recuperar el sentido de la maravilla que el ciudadano moderno ha perdido, como destaca el bello fragmento del vuelo de Superman con Lois Lane -con ese plano tan lírico de las dos figuras suspendidas en el aire por encima de las nubes-. La tensión del espectacular clímax final no reside en si Superman logrará detener los dos misiles a tiempo, sino en si logrará salvar a Lois Lane: la muerte de ésta hace gala de una fisicidad y angustia inédita en el resto del metraje, fruto de la desesperación de Superman al perder a la persona más importante de su vida.

Y ahí reside la importancia de Superman, no sólo al abrir las puertas de la industria de Hollywood de gran aparato al mundo del comic, sino al introducir una luminosa figura que devuelva al espectáculo cinematográfico la magia y el sentido de la maravilla que nunca debería perder, de igual manera a como lo hizo en 1938 para millones de niños y jóvenes lectores la primera aparición del personaje en las páginas del Action Comic número 1, de la mano de Jerry Siegel y Joe Shuster.


4 comentarios:

Javier Y dijo...

Poco más puedo añadir a lo expresado en su reseña, Mr. Int. Sólo puedo que alegrarme de que, finalmente, te hayas dejado atrapar por la magnífica interpretación del héroe de acero que Doner supo llevar a la gran pantalla. Y que, curiosamente, acabó influenciando en gran medida las posteriores visiones que se han hecho de Superman en los cómics (empezando por el "Man of Steel" de Byrne y acabando en el reciente Superman:Orígenes" de Geoff Johns). De todas formas, la película no "inventó" nada, simplemente fué capaz de condensar la rica mitología del kryptoniano que en el momento de su estreno ya era de cuatro décadas.

J. el dijo...

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Int dijo...

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J. el dijo...

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