viernes, 21 de mayo de 2010

Viernes 13. 3ª Parte


(Friday the 13th Part III)
USA, 1982. 95m. C.
D.: Steve Miner P.: Frank Mancuso Jr. G.: Martin Kitrosser & Carol Watson I.: Dana Kimmell, Paul Kratka, Tracie Savage, Jeffrey Rogers F.: 2.35:1

Algún día habrá que realizar un estudio acerca de la relación de las terceras partes del cine de terror aparecidas en los 80 y el cine en 3D. Aparte de la película que nos ocupa, recordemos también los casos de El gran tiburón (tercera entrega de la saga iniciada por el clásico de Steven Spielberg) y El pozo del infierno (Amytiville 3-D en su título original). No sabemos si la utilización de las técnicas tridimensionales (hoy de nuevo en boga gracias al tremendo éxito de Avatar y, según dicen, futuro del cine -¡y los videojuegos!- como si fuese un avance novedoso, cuando las 3D ya se utilizaban en el cine de los 50) es el resultado de una confesión subliminal de los propios creadores acerca del agotamiento de la fórmula (algo más terrorífico que la propia película, pues todavía nos quedan 7 entregas más), pero afecta a la película en, al menos, dos puntos: la utilización del formato scope por primera, y última, vez en la saga; y la supeditación de la puesta en escena a los efectismos esperables a fin de epatar al espectador (y que hace que uno de cada tres planos sea concebido para explotar el efecto 3D: algunos tan bochornosos como el ataque de una serpiente a uno de los protagonistas, las palomitas que salen disparadas del recipiente o uno de los chicos jugando con un yo-yo).

Pero, más allá del efectismo tridimensional coyuntural (y que se pierde cuando la película se pasa por TV o se comercializa en formato doméstico) si por algo merece destacar esta Viernes 13. 3ª Parte es porque, por fin, Jason se calza su famosa máscara de hockey, estableciendo la imagen mítica que todos tenemos en mente cuando recordamos la saga y que simboliza por sí misma todo un género y una época (aunque cualquiera lo diría por la vulgaridad de la presencia y actos de Jason, no sabemos si por la desgana del actor o la mediocridad de la puesta en escena). Por lo demás, más de lo mismo, con otro grupo de jovenzuelos retozando (o intentándolo) en el bosque y sirviendo de tabla de trinchar, en una entrega que ya no se molesta en establecer ningún tipo de conexión con la, digamos, mitología de la saga, ni espacial (la acción transcurre en una cabaña junto a un lago sin relación alguna con el campamento de Crystal Lake) ni temporal (ninguna referencia a si es viernes 13 ó si es miercoles 29).

Anotemos, no obstante, una mayor profundización (es un decir) en la figura del adolescente (uno de los protagonistas está acomplejado por su aspecto); el simpático guiño al creador de los míticos efectos especiales de la primera parte, Tom Savini (una de las chicas encuentra un ejemplar de Fangoria, la famosa revista de terror americana, que incluye un artículo sobre el mago del gore. Mientras la hojea es atacada por Jason de manera muy similar a la muerte de Kevin Bacon en el film original. No será el único "homenaje", pues prácticamente se repite el susto final de aquélla, aunque no resulta ni la mitad de efectivo); y, finalmente, incluir en su metraje el efecto 3D más contracultural de la historia: uno de los personajes pasándole un porro al espectador.