martes, 14 de junio de 2011

Freeway (Sin salida)

(Freeway)
USA, 1996. 110m. C.
D.: Matthew Bright P.: Chris Hanley & Brad Wyman G.: Matthew Bright I.: Kiefer Sutherland, Reese Witherspoon, Brooke Shields, Dan Hedaya

Esta producción de Oliver Stone comienza mostrando un conjunto de ilustraciones en las que se ve a una serie de chicas siendo perseguidas por un lobo antropomorfo. Todos los dibujos guardan una serie de características comunes: un estilo feísta, casi underground; y que la cámara se centra en los aspectos más descaradamente eróticos, destacando las bragas de color blanco que se entrevén a través de los pliegues de las cortísimas faldas o en las formas de los pechos. Esta traducción del icono base del popular cuento de la Caperucita Roja a través de sus aspectos más transgresores sirve de introducción de la idea que mueve a Freeway (Sin salida): una actualización gamberra y potencialmente subversiva del cuento popularizado por Perrault poniendo en primer plano los ingredientes más oscuros de éste a través de una mirada postmoderna e irónica del thriller deudora del cine de Quentin Tarantino.

Tras los créditos, Freeway (Sin salida) nos introduce de lleno en el vertiginoso caldo de cultivo en el que se ha criado su protagonista, la adolescente Vanessa Lutz, a quien conocemos en su clase especial en la que le cuesta leer tres palabras seguidas. Su regreso al hogar no puede ser más revelador: su madre trabaja de prostituta cerca de la casa y su padre es un yonki en libertad condicional que intenta abusar de Vanessa. La quintaesencia de un hogar disfuncional que Bright dibuja con pinceladas gruesas y de humor negro, destacando como, lejos de ser una tragedia, esta vida es a la que está acostumbrada Vanessa: para ella, esto es lo más cercano a una vida normal.

A raíz de este retrato, no ha de extrañarnos que Vanessa sea una persona de existencia descarriada y abocada a la delincuencia. A lo largo de la película, nos enteraremos de su pasado delictivo que nos ilustra una vida marcada por la desgracia, y que pasa por el robo, la piromanía y la prostitución. A primera vista, podemos pensar que Bright ha cargado demasiado las tintas a la hora de construir el perfil de su protagonista en busca de la provocación fácil, pero en seguida comprobamos que sus intenciones son más complejas.

Tras quedarse sola, una vez que sus padres han sido detenidos, Vanessa decidirá ir en busca del único familiar que le queda, una abuela a la que ni siquiera conoce. Cuando su coche la deja tirada en medio de la autopista, es recogida por Bob Wolverton, quien se presenta como psicólogo infantil y que se presta a ayudar a Vanessa. Bob es una persona elegante, de buena presencia, amable y atenta con los demás. Si Vanessa es una representante de la conocida como white trash, un ser indomable y pernicioso para la sociedad, Bob es la imagen del sistema, de lo socialmente aceptado. En el momento en el que Bob se descubre como un sanguinario psicópata especialmente retorcido, Freeway (Sin salida) descubre, igualmente, sus cartas: el desmadrado hogar de Vanessa no era más que fuegos de artificio, es en este punto donde Bright desarrolla su discurso políticamente incorrecto.

A pesar de sus antecedentes y de su comportamiento, Vanessa es un ser puro, cuya actitud carece de cualquier maldad. Ser amoral desde un punto de vista casi natural, su honestidad (tanto en lo que dice como en lo que hace) encuentra su contrapartida en un instinto salvaje y violento que le sirve de medida de supervivencia en un entorno hostil. Sólo atacará cuando se sienta en peligro y no sentirá remordimientos al disparar a alguien porque está convencida de que esa persona realmente se lo merece. En el otro lado del espejo tenemos a Bob, que bajo su fachada de respetabilidad se esconde un ser depredador que sólo es capaz de dar rienda suelta a sus obsesiones reprimidas a través de la violencia y la dominación. A pesar de dispararle varias veces en la cabeza, Vanessa no logrará matar a Bob, pero sí lo desfigurará. Vanessa se nos aparece entonces como un Ángel Exterminador cuyos disparos no eliminan la forma física de sus atacantes, sino que la borran, sacando a la superficie su monstruosidad interior: mostrando al mundo como realmente son.

Este subversivo contenido encuentra la justa forma a través de la nerviosa estructura de la que hace gala Freeway (Sin salida). Matthew Bright convierte a la película en un recopilatorio de los lugares comunes del cine de bajo presupuesto más extremo, convirtiendo el film en una especie de summa exploit en el que no falta de nada: psicópatas y delincuentes juveniles, drogas y prostitución, prisiones femeninas y lesbianismo, road movie y comedia adolescente. Utilizar como base un celebérrimo cuento de hadas para destapar las hipocresías morales de nuestra sociedad a través de los códigos del cine exploitation resulta en un cóctel explosivo e irresistible que hace de Freeway (Sin salida) una de las producciones más estimulantes y provocativas de los 90.