miércoles, 6 de enero de 2010

La mejor película de la década: Demonlover


(Demonlover) Francia, 2002. 117m. C.
D.: Olivier Assayas
I.: Connie Nielsen, Charles Berling, Chloë Sevigny, Dominique Reymond

La primera imagen de Demonlover nos sitúa en un avión en clase business. Es de noche y la mayoría de los viajeros están durmiendo. Entre los insomnes están Diane y Volf , quienes discuten las condiciones del negocio que tienen en marcha. Las televisiones están encendidas y muestran lo que parece una película de acción: exlosiones, disparos, muertes llenan la pantalla. Pero nadie hace caso de esas imágenes.

Olivier Assayas, quien comenzó su carrera como crítico de cine en la mítica revista Cahiers du cinema, no cambió de empleo cuando dio el paso y de criticar los films de los otros pasó a realizar los suyos propios. Sólo cambió el medio. En Demonlover continúa su trabajo como analista cinematográfico y, en este caso, preguntándose acerca de nuestra relación, como espectadores, con las imágenes que, día a día, consumimos. Las imágenes han perdido su carácter narrativo y/o ilustrativo para convertirse en el ruido de fondo de nuestra vida. Nos rodean sin que tengamos capacidad de elección. Los protagonistas del film, ejecutivos de una empresa francesa en negocios con un estudio de animación japonés especializado en contenido erótico para su distribución internacional, trabajan, trafican, con imágenes llenas de sensualidad y anulan su capacidad de excitar a través de la burocracia: reuniones de negocios, faxes, documentos llenos de cláusulas. Son seres sin sentimientos, o que los tienen muy enterrados, moviéndose en entornos gélidos, con la determinación de los autómatas. En este univerno de extrema frialdad, ¿es acaso la saturación el único medio con el que las imágenes pueden seguir captando nuestra atención? ¿O respondiendo directamente a nuestros bajos instintos, a nuestro morbo? La televisión, las cámaras de vídeo, Internet, teléfonos móviles, reproductores de música, DVDs... En el mundo industrializado en el que vivimos, en el que las ofertas visuales se han multiplicado, ¿sigue habiendo sitio para el cine como medio narrativo, comunicativo?

En Demonlover, Assayas busca respuesta a esta última pregunta utilizando a la propia película, su estructura, como representante del cinematógrafo. Y sumerge al film (rodado en celuloide de 35mm.) en un universo subterráneo que, poco a poco, va surgiendo desde la oscuridad de la clandestinidad para finalmente llegar a los ojos de todo el mundo a través de la democratización de los nuevos medios de comunicación (las escenas del Hellfire Club están rodadas con cámaras de vídeo digital). La respuesta que nos ofrece el director de Irma Vep es demoledora: la indefinición genérica del film (del documental ilustrativo al thriller de espionaje industrial, del melodrama psico-sexual al cine de terror) y la progresiva abstracción de sus imágenes son indicios de la incapacidad del cine para comprender, asimilar, un universo en el que conceptos como moralidad o humanidad han sido enterrados bajo el peso del deseo y el poder. El final de Demonlover no puede ser más desolador: el sufrimiento humano se ha convertido en el fondo de pantalla de nuestra existencia cotidiana.

6 comentarios:

lord_pengallan dijo...

Me has picado la curiosidad. Me la apunto.

Int dijo...

"Demonlover" tiene una excelente edición en DVD en España. A pesar de que en los contenidos extras se anuncia un escueto making of, en realidad se trata de un magnífico documental de 1 hora de duración.

Aprovecho para dejar claro que el título del post es algo sensacionalista puesto que, seguramente, "Demonlover" no es la mejor película de la década (tampoco he visto todo el cine que se ha hecho en estos diez años) pero sí que me parece, sin duda, la más importante que yo haya visto.

Saludos.

lord_pengallan dijo...

Ya me lo había tomado así tranquilo. Recuerda un poco a Videodrome por lo que cuentas o soy yo?

Int dijo...

Sí que hay cierta relación entre ambas películas desde el momento en que las dos se plantean la relación/repercusión del espectador con las imágenes que consume y la posibilidad de que estas altere nuestra perspectiva de nuestra realidad. Y, hasta cierto punto, podríamos sustituir las cintas magnetoscópicas de "Videodrome" por un navegador de Internet en "Demonlover".

La mayor diferencia es que en el film de Cronenbeg se utilizaba las alucinaciones que Videodrome provocaba en Max Renn como excusa argumental para construir una película igualmente alucinada y, en "Demonlover", esa contaminación es a un nivel más metalingüistico, pues afecta más que a la protagonista a la propia película. Es, digamos, menos fantástica pero mucho más abstracta.

Un saludo.

Antonio Alvarez dijo...

Me la vi ayer aprovechando que la filmoteca de Madrid está haciendo un ciclo de Assayas. Me pareció pesada pero sobre todo por ese viaje a la abstracción. En cuanto aparece lo de HFC está cantando que ese iba a ser el final así que la cosa cada vez se hace más cuesta arriba. En mi opinión es demasiada alambicada para su objetivo pero no deja de ser interesante su denuncia del submundo que hay detrás de las imágenes que consumimos, sean del tipo que sean. Parece todo inocente y legal pero hay mucha competitividad y amoralidad.

Int dijo...

Buff. Vaya envidia. Un ciclo dedicado a Assayas. Quien estuviera ahí para verlo. Y cierto, "Demonlover" tiene un ritmo lento y una tonalidad gélida, pero a mí me puede cómo de un documental sobre el mundo de la compra y distribución de material erótico (hentai, sin ir más lejos) pasamos a una película de espionaje industrial y, finalmente, aterrizamos en el género de terror.

Si no las han pasado ya le recomiendo encarecidamente "Irma Vep" y "Finales de agosto, principios de septiembre", aunque creo que todo Assayas es recomendable.