domingo, 24 de enero de 2010

Young Thugs: Innocent Blood

(Kishiwada shônen gurentai: Chikemuri junjô-hen) Japón, 1997. 108m. C.
D.: Takashi Miike
I.: Seiji Chihara, Chihara Junia, Sarina Suzuki, Kyôsuke Yabe

La primera escena de Young Thugs: Innocent Blood nos muestra como un grupo de amigos (formado por tres chicos y una chica) realizan una tan elaborada como humillante broma a un profesor de su colegio. A continuación, los créditos son acompañados de una serie de instantáneas de la desenfrenada vida de los chicos al ritmo de un tema musical de tono bufo que parece prepararnos para disfrutar de una alocada comedia. La secuencia siguiente a los créditos supone un brusco cambio de tono: los protagonistas ya no están alegres, sino que arrastran un profundo sentimiento de tristeza con ellos y la luz ha sido sustituida por una atmósfera sombría. Young Thugs: Innocent Blood nos habla de lo efímero de cualquier sentimiento o momento, de cómo aquello que está vivo, al instante siguiente, puede estar muerto (ya sea una relación amorosa o la propia existencia), pero también de cómo de las cenizas puede surgir la esperanza de un nuevo comienzo.

En su acercamiento a los códigos de las comedias románticas, Takashi Miike no se limita a retratar con su cámara las acciones de los protagonistas, sino que a través de la puesta en escena recrea sus sentimientos, potenciando el componente dramático de las situaciones. Así, el montaje paralelo entre un baile flamenco en un bar y el solitario viaje de Ryôko en el metro manifiesta el sentimiento de deriva que siente la chica, una vez ha sido abandonada por su novio, Riichi. Las fugas mentales de los protagonistas son recreadas por Miike subrayando la artificiosidad que tiene todo recuerdo: la escena en que Riichi se vé a sí mismo cuando aún salía con Ryôko; la anécdota de la infancia que uno de los protagonistas cuenta a su chica representada como si fuera una obra de teatro infantil. También hay lugar para puntuales arrebatos poéticos (la escena en el planetario que, posteriormente, dará lugar a una conmovedora declaración de amor; la aparición de un globo en las últimas escenas a modo de un bucle que nos lleva al principio del film) o la utilización de los movimientos de cámara para subrayar el estado anímico de los protagonistas: la escena en que Ryôko y Riichi se encuentran en una cafetería una vez su relación ha acabado, el segundo intentando reconciliarse. La cámara se mantiene lejos y quieta mientras la pareja se intercambia frases banales. Cuando empiezan a discutir, la cámara realiza un suave travelling hacia ellos, subrayando los encontrados sentimientos de la pareja. Ryôko se levanta y sale de la cafetería. Riichi se queda solo llenando el encuadre. La relación ha terminado para siempre.