lunes, 12 de diciembre de 2011

Paranormal Activity 2

(Paranormal Activity 2)
USA, 2010. 100m. C.
D.: Tod Williams P.: Jason Blum & Oren Peli G.: Michael R. Perry, Christopher Landon & Tom Pabst, basado en una idea de Michael R. Perry, basado en los personajes creados por Oren Peli I.: Brian Boland, Molly Ephraim, Sprague Grayden, Katie Featherston

Lo más llamativo de Paranormal Activity 2 es como, proviniendo de un film tan peculiar como Paranormal Activity, el cual, al menos en su exposición, suponía una propuesta original, abraza con tanta decisión las reglas de una secuela ortodoxa: así, nos encontramos ante una propuesta análoga a la de la entrega anterior, presentando un nuevo ejemplo de cine de terror vérité en su acercamiento documental y pretendidamente verosímil a las constantes del cine de casas encantadas. Pero, como indicaba al principio, hay, de entrada, dos detalles sumamente reveladores: en primer lugar, el continuismo argumental.

La acción de Paranormal Activity 2 tiene lugar sesenta días antes de los sucesos narrados en la película de Oren Peli, centrándonos ahora en una nueva familia que acaba de sumar a un nuevo miembro al clan, Hunter, cuya llegada a casa tras nacer abre el metraje. Kristi, la madre de Hunter (además de esposa y madrastra de Daniel y Ali, respectivamente), es la hermana de Katie, la protagonista del primer Paranormal Activity quien, de hecho, aparece en la película junto a su pareja Micah. De esta manera, los creadores del film parecen querer elaborar una cierta coherencia interna a modo de mitología personal que no sólo sirva para unificar las dos partes, sino que sirva de motor para futuras entregas.

Por otro lado, el trabajo de Tod Williams supone una versión corregida y aumentada del de Oren Peli, sustituyendo el punto de vista único de la cámara de Micah por una multiplicidad de miradas tecnológicas: tomando como excusa un allanamiento de morada -que posiblemente sea un primer aviso de actividad poltergeist-, Daniel instala una serie de cámaras de vigilancia en diferentes puntos de la casa (como la cocina, la piscina, la entrada o la habitación del niño). Una idea que ya nos anuncia la perspectiva espectacular de la película, perdiendo el carácter íntimo que lucía la entrega inaugural. No ha de extrañarnos ante esto que Paranormal Activity 2 abandone la sutilidad de Paranormal Activity por un ejercicio más pirotécnico: ahí tenemos la eficaz escena en la que Kristi se queda sola en la cocina, aquella en la que es arrastrada desde el piso superior al sótano o la recta final.

Paranormal Activity 2 parece ser consciente de su propia condición de producto derivativo y sustituye el factor sorpresa por la tradición del género: a lo largo del metraje podemos encontrar referencias a títulos clásicos del subgénero como Amityville II. The Possession (al centrar la historia en cómo se origina la maldición que asolará posteriormente a Katie y Micah) o Poltergeist. Fenómenos extraños (el objetivo de los demonios es hacerse con el pequeño Hunter a modo de tributo por un misterioso pacto primigenio). A pesar de que en los primeros minutos son Daniel y Kristi quienes llevan el desarrollo dramático, pronto la acción pasa a centrase en la hija adolescente de ambos, Ali, en lo que supone un evidente intento por llevar el film al terreno de su audiencia potencial, el público adolescente que llenan las salas los fines de semana a modo de ritual colectivo.

Lo que sí pervive en esta primera secuela es la lectura cotidiana que singularizaba a Paranormal Activity: si aquella podía leerse como la radiografía de una joven pareja que ve como su relación se hunde por culpa de los extraños sucesos que viven en su hogar, aquí se presenta la posibilidad de que Kristi esté sufriendo las consecuencias de una maternidad que le supera: a lo largo del film podemos apreciar como es ella quien siempre se tiene que ocupar de las necesidades del bebé (levantándose por la noche cuando éste rompe a llorar; dándole de comer) sin recibir ayuda por parte de su marido más preocupado por su trabajo (a pesar de los problemas que padece, no duda en dejarla sola con Ali) o por divertirse (casi obliga a Kristi a salir a cenar fuera, a pesar de las reticencias de ésta a apartarse del niño).

A raíz de esto, las escenas finales en las cuales Kristi parece estar poseída, impidiendo a su familia acercarse a Hunter, responde al hecho de intentar proteger a su hijo de ese grupo formado por Daniel y Ali (recordemos, hija de éste de una relación anterior) que no son parte de su propia sangre. De esta manera, la saga Paranormal Activity se suma a muestras recientes del género como El sexto sentido o Pulse (Kairo) a la hora de establecer los fenómenos paranormales como eficaz termómetro de los desvaríos anímicos del ciudadano urbano moderno.