martes, 4 de octubre de 2011

Enter the Void

(Enter the Void)
Francia/Alemania/Italia/Canadá, 2009. 161m. C.
D.: Gaspar Noé P.: Pierre Buffin, Brahim Chioua, Olivier Delbosc, Vincent Maraval & Marc Missonnier G.: Gaspar Noé & Lucile Hadzihalilovic I.: Paz de la Huerta, Nathaniel Brown, Cyril Roy, Olly Alexander

La muerte como viaje, la vida como cuelgue
Convertir una convención del trabajo cinematográfico como son los títulos de crédito -la cual, con el paso del tiempo, se ha transformado en una molestia que esquivar- en una autónoma pieza artística no es el recurso más osado de Gaspar Noé en este absorvente y extrañamente seductor experimento fílmico, pero sí que ejemplifica de manera rotunda la visión que el director argentino tiene de dicho trabajo cinematográfico. Siguiendo el frenético y esquizofrénico ritmo de la canción "Freak" de LFO, cada uno de los créditos aparecen y desaparecen siguiendo la espídica velocidad del tema, mezclando diferentes tipografías a la hora de escribir los nombres e, incluso, apareciendo representados con letras occidentales y kanjis japoneses. El resultado es nulamente informativo a la vez que supone un ataque a los sentidos del espectador, arrastrado por un huracán audiovisual que, colocado como arranque de la película, sirve tanto de anticipo del estilo desplegado por Noé como un cinturón de seguridad que le amarre a la butaca.

Esta idea no es nueva en la filmografía del realizador de Solo contra todos, quien se ha caracterizado por utilizar todos los medios que el cine pone a su disposición (tanto literarios como audiovisuales) para configurar un espectáculo sensorial que ataque a la vez al cerebro y al estómago del público, más interesado en desestabilizar su percepción de la realidad -encerrándole, y zarandeándole, en un artefacto brutalmente manierista- que en narrarle una historia. Pero, y he aquí una particularidad quizás no exclusiva pero sí indudablemente idiosincrásica, al contrario que otros adictos al esteticismo desbordado, la obra de Noé despliega a través de las negrísimas y retorcidas formas de sus películas un sentimiento, un hálito de calor profundamente humano que la aleja del artefacto audiovisual gratuito.

En el caso que nos ocupa, Enter the Void nos propone un viaje introspectivo a través de la consciencia de su joven protagonista, Oscar, un camello que reside en Tokio junto a su hermana menor, que trabaja como stripper en un local regentado por su novio. Utilizando a El libro tibetano de los muertos como base para la estructura de la película, ésta arranca sumergiéndonos en el punto de vista de Oscar, siguiendo la acción a través de sus ojos y escuchando sus pensamientos, para, a partir de su fallecimiento, acompañar al espíritu del protagonista en un viaje astral a través de los pliegues del espacio y del tiempo, realizando tanto un repaso a los momentos más intensos de su vida como siguiendo los efectos que la onda expansiva de su muerte han causado entre sus allegados, como un fantasma que se agarra a los restos de su vida extinta, resistiéndose a aceptar su nuevo cuerpo material.

Así, Enter the Void está dividida en tres partes, siguiendo la estructura del mencionado Bardo Thodol: la primera, que narra los últimos instantes de vida de Oscar, está mostrada en primera persona siguiendo, como hemos comentado, sus acciones y pensamientos; la segunda, aquella que recopila instantes fugaces de su existencia cambia a la tercera persona, como si Oscar pudiera verse a sí mismo, siguiéndose pegado a su propia espalda transmutado en su inseparable sombra; y la tercera a través de una cámara flotante e incorpórea que se mueve a través de los escenarios y las personas como si hubieran desaparecido las barreras físicas y observara los acontecimientos desde una perspectiva cósmica que sirve de nexo de unión entre las diferentes partes comentadas.

El que Oscar se mueva en el mundo de la droga no supone un dato anecdótico. En los primeros minutos de la película observamos -recordemos, a través de sus ojos- como se mete un chute de N-dimetiltriptamina (conocida como DMT), una poderosa droga alucinógena cuyos efectos psicodélicos moldean y sustituyen la habitación en la que está tirado con una serie de hermosas e indefinidas figuras formadas por brillantes luces multicolores. Antes de que se pasen los efectos, Oscar es interrumpido por un amigo, Alex, quien le explica el significado del mensaje transmitido en el volumen de El libro tibetano de los muertos que le ha prestado y, además, de cómo el DMT es utilizado para experimentar los efectos de la muerte comprimidos en seis minutos de viaje narcótico.

Toda esta información es asimilada por Oscar minutos antes de morir en medio de una redada policial, con lo cual Enter the Void puede interpretarse desde un lado metafórico: en realidad, Oscar no muere, sino que sufre una experiencia cercana a la muerte producida por el DMT, realizando un viaje que parte de su pasado para finalizar en una nueva reencarnación, influenciado por la lectura del clásico universal del siglo VIII escrito por el monje budista Padma Sambhava. De ahí que ese viaje esté marcado por unas constante iluminación estroboscópica y de fulgurantes colores de neón, propio de las calles y clubes que frecuenta. Que en el final de tan alucinado -y no poco alucinante para el espectador- recorrido la ciudad de Tokio se convierta en un gigantesco panel de neón parecido a la maqueta creada por un amigo suyo bien puede significar los intermitentes recuerdos de la realidad que se internan en su cuelgue crónico o la construcción de un nuevo entorno mortuorio con diversos fragmentos vitales almacenados en su memoria.

Del Rectum al Void. Puntos distantes de una cartografía de la supervivencia urbana
Con únicamente tres largometrajes en su haber, la filmografía de Gaspar Noé se perfila ya como una contundente radiografía de los despiadados tiempos que nos han tocado vivir en la cual cada título funciona como un capítulo que surge del anterior para desarrollar un camino que confluirá en una nueva película. Unos tiempos en los cuales el ciudadano moderno ha olvidado sus instintos más primarios en favor de una civilización que, finalmente, se ve incompatible con la sordidez despiadada de un entorno en el que sólo podrá sobrevivir recuperando su primitiva condición de salvaje.

Si su ópera prima, Solo contra todos, recuperaba a los personajes y la historia de la descarnada carta de presentación que fue el cortometraje Carne, en el prólogo de Irreversible volvía a aparecer el protagonista de los dos títulos mencionados, haciendo un resumen de éstos. Enter the Void continúa con esta tradición llevándola más lejos, pues no se limita a construir un puente argumental entre las películas, sino que desarrolla el estilo de Irreversible hasta el punto de matizarla retrospectivamente.

Aunque el detalle más llamativo, y recordado, de la película protagonizada por Vincent Cassel y Monica Bellucci era su narración invertida, hacia atrás, el recurso más intrigante de Noé era esa cámara errante e ingrávida que saltaba de un plano secuencia a otro, como un silencioso vigilante que siguiera los escalofriantes sucesos que se contaban en el controvertido film. Una cámara flotante que en Enter the Void adquiere personalidad: es el espíritu de Oscar que, libre de su armadura de carne y hueso, vuela libre. ¿Pertenecía ese punto de vista a uno de los protagonistas de esa noche sin fin que falleciendo fuera de campo -en la cárcel o en el hospital- reviviera los hechos que le llevaron a esa situación? Si tenemos en cuenta que en Irreversible se realiza el mismo trayecto que en Enter the Void -partiendo de la violencia y de la muerte para llegar al anuncio de una nueva vida- podemos concluir que Enter the Void es un remake introspectivo de los sucesos externos de Irreversible.

The hyperkinetic sensory dealer
En un momento del metraje, el traficante al que Oscar compra el material que después él se encarga de distribuir le pregunta quien le envía para conseguir las drogas; éste reponde que es Gaspar. Podría tratarse de una broma privada por parte del director, pero también una directa y franca autodefinición. Si nos fijamos en los créditos de sus películas (nada fácil, por otro lado), comprobamos que Gaspar Noé no sólo se hace cargo de los apartados propios de su posición -dirección, guión e, incluso, producción-, sino que se extiende a labores técnicas como la fotografía, el montaje o el diseño de sonido (a mano con Thomas Bangalter, la mitad del dúo de french-house Daft Punk que ya se había encargado de la angustiosa banda sonora de Irreversible). De esta manera, no hemos de considerarle como un narrador de historia (un cuentacuentos moderno) sino como un facturador de aparatos sensoriales que actúan como drogas benignas cuyo objetivo no es destruir el cerebro de quienes las tomas -esto es, el público- sino revolverlo.

Seguramente sea esta intención de base la que le permite utilizar materiales fuertes (y tabú) a la hora de diseñar sus dosis, los cuales confieren a sus trabajos una inevitable aureola de polémica. Si bien en Enter the Void la violencia pasa a un segundo plano con respecto a sus anteriores films, el sexo vuelve a tener un gran protagonismo, mostrándolo de manera frontal llegando a penetrar (nunca mejor dicho) en los terrenos de la pornografía explícita. Un género altamente codificada y de objetivos prefijados, el porno, que Noé utiliza para demostrar su capacidad de subversión y alteración de los lugares comunes del cine para usarlos como armas arrojadizas contra la seguridad de la platea.

Un ejemplo perfecto de lo dicho se encuentra en su capacidad para eliminar cualquier elemento erótico o atractivo en la utilización del desnudo femenino, concretamente en el caso de la hermana de Oscar. El plano en picado que la muestra completamente desnuda mientras le realizan un explícito aborto anula por completo cualquier deseo que podamos sentir por ella que contagia al resto del film -en consonancia con la crudeza de la historia-, de igual manera a como Gaspar Noé reinventa completamente (y escatológicamente) el hardcore en su visualización "interna" de un polvo en la que supone la primera muestra de pornografía intrauterina.