lunes, 21 de enero de 2013

Shame


(Shame)
UK, 2011. 101m. C.
D.: Steve McQueen P.: Ian Canning & Emile Sherman G.: Steve McQueen & Abi Morgan I.: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale, Nicole Beharie

El comienzo de Shame no sólo sirve para presentar a su protagonista, Brandon, sino que, así mismo, nos introduce en su estilo de vida, o, quizás mejor dicho, en su manera de ver la vida: Brandon está parado en el arcén del metro. El plano nos lo muestra de perfil. Por su apariencia y su ropa nos transmite la sensación de encontrarnos ante una persona formada, elegante, con un buen trabajo que le ofrece unas posibilidades económicas con las que llevar adelante una vida ordenada y estable. Pero, el plano elegido nos indica que no se nos está dando toda la información: solamente un lado de su cara nos es revelado. El otro está oculto.

A continuación, vemos a Brandon sentado en uno de los asientos del interior del tren. Su cabeza reposa sobre el cristal que muestra la oscuridad de los túneles que recorre a gran velocidad el vehículo. Pasea su mirada por las personas que están a su alrededor hasta detenerse en una joven que capta su atención. No es extraño, es guapa y, además, por como le devuelve la mirada, parece sentir tanto interés por él como él por ella. Brandon mantiene la vista en ella, como si intentara hipnotizarla. Esta mirada fija, que podría aparentar un estudiado medio de cortejo, en realidad esconde algo más. La concentración de Brandon es más propia de un animal que estudia atentamente a su presa. Cuando el metro llega a la parada, la joven se levanta, mostrando un anillo de casada. Pero eso no parece importar a Brandon, quien la sigue al salir del tren, intentando alcanzarla entre la multitud que sube las escaleras hasta, finalmente, perderle de vista. La desesperación de Brandon nos confirma ese rostro oculto: para el protagonista de Shame, tanto el cortejo como el sexo que le sigue, no es una fuente de placer, sino un medio con el que alimentarse.

Y esta información nos es suministrada con imágenes. En ningún momento de la película se verbaliza la adicción al sexo que atenaza a su personaje principal: la vemos a través del día a día de Brando: lo primero que hace por las mañanas, mientras se ducha, es masturbarse, a pesar de que, con toda seguridad, la noche anterior se ha acostado con un ligue esporádico o con una prostituta; un acto que repite en los servicios de la oficina donde trabaja, cuyo ordenador contiene abundante material pornográfico; en su casa, cena delante de su portátil, viendo películas porno o conectado a una livecam donde una chica hace lo que él le pida. Pero, además de verlo, lo más importante es que lo sentimos. Al igual que ocurría con la primera escena, Brandon, a través de la extraordinaria composición de Michael Fassbender, tan controlada como desgarradora, nos contagia de esa desesperación por llenar una agujero que no tiene fondo y que, cada vez parece hacerse más grande: el agujero de su propia existencia.

Shame no es la crónica diaria de un adicto al sexo, sino la radiografía de un ser perdido en su propio camino vital que le encierra en una soledad que, como una ajustada cárcel, oprime todo su ser. Una idea que el director Steve McQueen refleja acertadamente a través de la estudiada composición de las escenas y la manera de dibujar los entornos por los que se mueve el protagonista: cuando Brandon se encuentra solo -en el interior de su apartamento, paseando por las calles de Nueva York, en los pisos que alquila para acostarse con mujeres-, es fotografiado con una implacable luz gélida, que contamina los escenarios y la atmósfera con un frío y deshumanizado tono metálico -del cual es principal representante la casa de Brandon, de paredes blancas, líneas rectas y escasa decoración-; en cambio, las escenas que transcurren en la oficina, los bares a los que acude a ligar o clubs privados, hacen gala de un tono cálido y agradable, como el tacto con la suave piel de la persona que amamos.

Este contraste, que refleja el mundo interior del protagonista -su incapacidad para una conexión emocional duradera- y los ambientes en los que se mueve -creados para la interacción social-, se ve complementado, y potenciado, por la introducción del personaje de Sissy, la hermana de Brandon, quien se instala a vivir unos días en el apartamento de éste. Al igual que ocurre con su hermano, no se nos relata nada del pasado de ella, al menos no directamente. Serán pequeños apuntes visuales -su manera de colocarse en el andén del metro, al borde de las vías; las marcas que recorren sus antebrazos- los que nos dibujen una personalidad inestable y patológica.

Brandon rehuye la presencia de Sissy. ¿Cuál es el motivo? Como decíamos, no sabemos nada acerca su pasado juntos, ni siquiera de si tienen más familiares o como ha transcurrido su relación a lo largo de los años. Posiblemente Brandon no soporte estar delante de su hermana porque ve en ella reflejado a su propio ser, su propia enfermedad -no es casualidad que la primera vez que se encuentra con ella esté desnuda-. Pero, al contrario que él, Sissy busca una salida de ese agujero: su manera de vestir y de actuar muestra a una chica extrovertida, para quien el sexo también supone una herramienta, pero, en su caso, no de alejamiento, sino de acercamiento. Un medio con el que encontrar un lazo afectivo que le de estabilidad y un sentido a su vida. Es este atisbo de luz lo que molesta a Brandon, cómodamente asentado en el infierno que se ha creado, el cual se vería perturbado por la posibilidad de una esperanza detrás de la cual solo haya dolor. La imagen más atractiva de la película lo deja claro: Sissy se liga al jefe de Brandon, y le lleva a su casa para hacer el amor. Ante la imposibilidad de soportar esto, Brandon sale a hacer footing, mostrado en un plano secuencia que sigue al personaje corriendo por las calles nocturnas en un hipnótico travelling lateral, buscando, de nuevo, la soledad que le ofrece la oscuridad.

A través de la puesta en escena y la relación de sus personajes, Steve McQueen retrata los movimientos de éstos sin juzgarlos ni señalarlos, pero mostrando una empatía que nos permite, si no entenderlos, sí al menos compadecernos de su triste existencia -la imposibilidad del protagonista de hacer el amor con una persona a la que ha cogido afecto-. De ahí surge la escena más emotiva del film: Sissy canta una descarnada versión del célebre "New York, New York", con su voz rota acompañada únicamente de un solitario piano, actuación que provoca en su hermano, por primera vez, una emoción: una lágrima, furtivo reflejo al ver reflejada su propia desesperación y confirmar que, al final de ese largo túnel en el que se ha convertido su vida, no hay ninguna luz que le acoja al final. Posiblemente, ni siquiera haya final. Sólo la Nada.


4 comentarios:

Jero Piñeiro dijo...

Muy de acuerdo con tu lectura del film, no así con la valoración. Para mí "Shame" fue una de las mejores películas de 2012, entre las 4 y las 5 estrellas (aunque no me gusta demasiado calificar numéricamente -o lo que sea- las películas).

Iñaki dijo...

Coincido con Jero. Por la valoración parece sugerirse un menor calado fílmico, cuando en el texto se aduce un gran manejo de los recursos narrativos audiovisuales (como se puede atestiguar durante el desarrollo visual que emplean los dos fragmentos musicales prestados de la partitura de Hans Zimmer para LA DELGADA LINEA ROJA -"Journey to the line"-, tanto la secuencia de apertura como la noche/orgía que Brandon se procura como bucle existencial final antes de la tragedia) en los que queda patente el talento del director y la amarga reflexión existencial, de tintes cuasi pornográficos en el segundo caso, que ejecuta. Un gran trabajo.

Saludos en paralelo

Int dijo...

Hola a los dos.

Jero: me alegro que coincidamos en el texto, que es lo importante. También coincido en lo limitado y reduccionista que es el resumir una película (o cualquier otro medio narrativo) a una puntuación, pero supone también un medio para analizar la película a fondo de cara a otorgarle una valoración numérica más o menos justa. A mí también me parece un título importante y de haberlo visto el pasado año hubiera tenido opciones en mi TOP anual. Para no repetirme, te remito a la contestación a Iñaki donde hablo de las ligeras pegas que puedo hacerle a esta excelente película.

Iñaki: No es la primera vez que se me "acusa" de cierta incoherencia entre las estrellas y el texto en sí mismo. Y, posiblemente, con razón. Aunque la cuestión es más complicada, intentaré argumentarlo brevemente:

Se puede decir que en la crítica en sí, el texto, busco el sentido o el significado que la película puede tener para mí, ya sea a nivel estético o argumental, de puesta en escena o de guión. De ahí que, en ocasiones, no entre a valorar algunos aspectos más pragmáticos -si la película es buena o mala y por qué-, simplemente porque no casan con esa mirada.

Me sirvo de las estrellas para reflejar una visión más, digamos, "objetiva", entiéndase por esto que miro la película desde fuera, reflejando, ahí sí, lo bueno y lo malo. De ahí que, en ocasiones, un texto refleje mis simpatías por un film al que después "castigo" con la puntuación.

En el caso de "Shame", que me gusta y mucho, podría anotar en el debe el hecho de que la última parte del film entre en un terreno más tremendista, lejos de la equilibrada sutilidad del resto del metraje. Tampoco me convencen algunos juegos de montaje también vistos en esa recta final.

Ya para finalizar este larguísimo comentario, me hace gracia que creas que el score es el mismo de la película de Malick. No es así. Se supone que es una composición original de Harry Scott, aunque la descarada inspiración en la obra maestra de Zimmer le ha valido acusaciones de plagio... Y con razón.

Un saludo a todos.

Sprezzatura dijo...

El sexo y la fríaldad radican en el personaje, pero sobre todo un infinito acio y soledad, y es una pena que no haya sido una película tan reconocida como otras, a mi me parece que esto definitivamente si es buen cine y hay que reconocerlo y verlo de una forma crítica y abierta a todo lo que la trama nos propone, que no es nada fácil de digerir, sobre todo por el contenido de la trama.