sábado, 27 de agosto de 2011

La rebelión de los simios

(Conquest of the Planet of the Apes)
USA, 1972. 88m. C.
D.: J. Lee Thompson P.: Arthur P. Jacobs G.: Paul Dehn, basado en los personajes creados por Pierre Boulle I.: Roddy McDowall, Don Murray, Ricardo Montalban, Natalie Trundy

Si algo ha caracterizado a la saga iniciada con la clásica El planeta de los simios ya desde sus inicios es su componente crítico. El film original de Franklin J. Schaffner partía de la discursiva novela de Pierre Boulle para plantear una alegoría acerca de las capacidades autodestructivas del ser humano que le llevarían casi a su extinción y que era presentada a través de un envoltorio de ciencia-ficción combinado con cierto espíritu aventurero. Los títulos que siguieron a ese film fundacional fueron perdiendo el elemento fantástico para profundizar en el espíritu crítico, especialmente a partir de la tercera entrega, Huida del planeta de los simios, como si la ambientación contemporánea de ese título impusiera un acercamiento más realista a los hechos narrados.

Con La rebelión de los simios, la saga parece abrazar el género de la película de denuncia, abandonando casi por completo los componentes fantásticos. El principio no puede ser más revelador: un grupo de simios encadenados son guiados por unas fuerzas policiales hasta una plaza donde serán obligados a realizar todo tipo de servicios a las órdenes de sus amos humanos. Con esta escena el círculo parece cerrarse del todo: si en la anterior entrega, los simios pasaban de ser la raza dominante a la minoría oprimida, aquí son tratados como esclavos de igual manera a como lo eran los humanos en la primera parte.

Pero hay una diferencia importante que afecta al sentido de toda la serie, hasta el punto de tergiversar el mensaje original. Si la película protagonizada por Charlton Heston incidía en la capacidad del ser humano para explotar su entorno y como, arrastrado por sentimientos tan extremos como el miedo o las ansias de poder, podía llegar a aniquilar todo aquello que temía, La rebelión de los simios apunta directamente al espinoso tema del racismo y la esclavitud, apartándose de la reflexión humanista para pasar al terreno de la política (que el único miembro del gobierno que ayuda a Caesar -el hijo de Cornelius y Zira y el único simio inteligente- sea de raza negra no hace sino oficializar esta perspectiva de forma bien poco sutil).

De esta manera, el camino por el cual los simios acabarán haciéndose con el poder en detrimento de los humanos (y del que aquí se nos muestra el inicio) no tiene tanto que ver con una hecatombe propiciada por el propio ser humano como por la reivindicación de Caesar y sus compañeros de su libertad, rebelándose contra sus captores a través de las armas. Este cambio puede ofrecer una nota nihilista -los simios utilizan los mismos medios que sus opresores (esto es, la violencia) anunciando los métodos que utilizarán en el futuro con los humanos cuando estén en el poder- pero también banaliza el mensaje original, simplificándolo y perdiendo su tono apocalíptico.

A pesar de que la acción se desarrolla en un futuro cercano (teniendo en cuenta, claro, la fecha de producción de la película), como indicaba líneas arriba la ciencia-ficción brilla por su ausencia destacando únicamente en este sentido las rectas arquitecturas de los exteriores, cuyos ángulos y blancas fachadas les da un aspecto modernista. La puesta en escena de J. Lee Thompson respeta la estética impuesta desde el primer film aportando una mirada nerviosa a través de la utilización de la cámara al hombro, subrayando, por un lado, el realismo de la propuesta y, por otro, la tensión que se respira en el ambiente y que puede estallar en cualquier instante. Las imágenes finales de La rebelión de los simios confirma la estructura episódica que empieza a adquirir la serie, avanzando hacia un objetivo fijado, enlazar con la fundacional El planeta de los simios. Irónicamente, cuanto más cerca se encuentra de ese título, más se aleja de su espíritu.