sábado, 23 de abril de 2011

Detrás de la máscara. El encumbramiento de Leslie Vernon

(Behind the Mask: The Rise of Leslie Vernon)
USA, 2006. 92m. C.
D.: Scott Glosserman P.: Scott Glosserman G.: Scott Glosserman & David J. Stieve I.: Nathan Baesel, Angela Goethals, Robert Englund, Scott Wilson F.: 1.85:1

El éxito de Scream. Vigila quien llama significó varias cosas: la confirmación de su director, Wes Craven, como uno de los denominados maestros del terror que mejor ha sabido adaptarse a los cambios del género en el que se ha especializado (de ahí que haya logrado marcar cada década en la que ha trabajado con un título importante); el carácter cíclico de dicho género, resucitando un tipo de cine, las slasher movies, que tras reinar en la década de los 80, parecía haber desaparecido para siempre bajo el peso del thriller psicológico; y, especialmente, la mirada postmoderna que se apoderaba tanto de los creadores como de los espectadores, cómplices en unos tiempos en los que la inocencia era sustituída por una postura cínica. Pero esa perspectiva metalingüística no era novedosa y, sin ir más lejos, en esa misma década la escalofriante Ocurrió cerca de su casa ya ofrecía un acercamiento desmitificador a la figura del asesino en serie utilizando las técnicas del falso documental.

Detrás de la máscara. El encumbramiento de Leslie Vernon surge de la combinación de los dos films mencionados, adoptando las formas del mockumentary para deconstruir el subgénero slasher a través de la identificación de sus estilemas y lugares comunes. Pero, a pesar de lo que pudiera parecer inicialmente, el film dirigido por Scott Glosserman resulta más complejo: en los primeros minutos, las imágenes de un noticiario nos sitúa en el escenario principal, haciendo un repaso a los brutales y reiterativos crímenes que han asolado a las poblaciones colindantes: en Detrás de la máscara. El encumbramiento de Leslie Vernon Jason Voorhes, Michael Myers o Freddy Krueger no son personajes de ficción, sino que son seres reales que cometen asesinatos reales. Por tanto, ya de entrada, el film da un paso más lejos que Scream. Vigila quien llama al colocarnos al otro lado del espejo desde el principio y construyendo una atmósfera de extrañamiento al filtrar a través de las técnicas del cinéma verite una serie de elementos asociados a la ficción (el hogar de Nancy en Pesadilla en Elm Street o el campamento de Crystal Lake de Viernes 13).

A través de un reportaje que están grabando un equipo de jóvenes periodistas conocemos a Leslie Vernon, un seguidor de los icónicos psychokiller enmascarados, quien está ultimando los detalles de su entrada en la "profesión", utilizando una vieja leyenda local como macabro trasfondo legendario. Así, a través de sus palabras, asistimos a la preparación de su debut: la búsqueda de sus víctimas, la elección del escenario adecuado, el entrenamiento adecuado para preparar su físico de cara a la acción. Si la divertida pero simplona Scream. Vigila quien llama se limitaba a coleccionar una serie de guiños y referencias de cara a despertar la simpatía cómplice del espectador de género, Detrás de la máscara. El encumbramiento de Leslie Vernon va más lejos al profundizar en la esencia misma del slasher a través de un mago que descubre sus trucos. Como se indica en su título, Glosserman retira la máscara a su protagonista para descubrir que detrás de ella sólo hay un ser humano, un profesional que se toma muy en serio su trabajo: los tópicos más manidos, y más inverosímiles, del género son justificados como parte de una performance en la que el asesino en serie actúa más como orquestador que como un ejecutor.

A raíz de esto, el objetivo de Detrás de la máscara. El encumbramiento de Leslie Vernon parece ser el desmitificar la figura del psychokiller sobrenatural a través de la deconstrucción tanto de su forma como de su fondo. La inclusión de una serie de escenas que rompen el enfoque documental, abrazando la estética de una auténtica película de psicópatas nos descubre que, en realidad, la intención de su director es bien distinta. De hecho, es lo contrario. En el clímax del film, los protagonistas pierden su condición de testigos para convertirse en los personajes principales de una horror movie cuyos lugares comunes (el grupo de adolescentes que montan una fiesta en una cabaña aislada en medio del bosque; la desinhibida pareja que practica sexo; las luces que se apagan de repente; la chica virginal destinada a enfrentarse al asesino) son desvirtuados al conocer los engranajes que mueven el motor de la acción.

Será en el final cuando Scott Glosserman descubra sus cartas: el vaciado previo del psychokiller para, una vez conocida su esencia primaria, volverlo a rellenar para transformarlo en una figura bigger than life, cuyas sangrientas acciones toman la forma de un ritual esotérico iniciático cuya conclusió será su confirmación como ser mitológico. Una idea subrayada por la escena que acompaña los créditos finales: la elección de la magistral canción "Psycho Killer", de Talking Heads, para ilustrar dichas imágenes supone un homenaje más sentido al cine slasher que la saga Scream en su conjunto.