
D.: Daniel Monzón
I.: Luís Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Carlos Bardem

En el panorama del cine español, en el que se valora ante todo el guión, dejando de lado cuestiones como la puesta en escena o la planificación (es decir, las bases de la narración cinematográfica), es inevitable que destaque un film como Celda 211. Siguiendo el libro de estilo de John Carpenter, uno de sus ídolos, nos sitúa en un espacio único, cerrado (una prisión) y dentro de una experiencia límite (un motín, un funcionario novato infiltrado entre los presos) para desarrollar un tour de force que convierte a la prisión en un angosto y claustrofóbico espacio en el que la desesperación de los presos por una vida sin futuro choca con los recuerdos del protagonista de una vida cuya continuidad está en peligro, creando un ambiente tenso que parece chocar en las paredes que les rodea, les confina.
Celda 211 es un film humanista. La relación de amistad entre Malamadre (portentoso Luís Tosar) y Calzones (convincente Alberto Ammann) rompe esquemas maniqueístas, demostrando que un hijo de puta también puede tener sus sentimientos. De igual manera, el agente Utrilla no duda en utilizar la violencia como si fuera uno más de los delincuentes. Todo un microcosmos que coloca al ser humano en un territorio hostil en el que hará lo que pueda para sobrevivir. Es por ello, que el film hace gala de una violencia tan gráfica como directa, siendo la manifestación tanto de la ira como de la desesperación de uno seres humanos para quienes el futuro no deja de ser un espejismo, un sueño producto de una existencia de pesadilla.

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