miércoles, 12 de septiembre de 2012

El blog de Int. El regreso

Hola a todos. En primer lugar, siento este parón estival. Motivos ajenos a un servidor me ha tenido alejado de mi cubil y, prácticamente, he realizado un viaje en el tiempo a la era analógica: sin conexión a Internet, y utilizando un reproductor de VHS Sanyo conectado a una televisión de tubo Sony Trinitron cuya longevidad pone en evidencia a sus descendientes de alta definición. Ante esto, y exceptuando alguna escapada al cine, me he refugiado en la literatura. Para darle más entidad a esta entrada, y para compensar el vacío de actualizaciones, a continuación comentaré brevemente los libros que he leído estos dos últimos meses.





















Miedo y asco en Las Vegas. Hunter S. Thompson
Empezamos con una relectura. La obra cumbre del llamado periodismo gonzo. Mezcla de crónica deportiva, road movie y tratado lisérgico, en sus alucinantes páginas se nos narra la odisea del periodista Raoul Duke (alter ego del propio Thompson) y su abogado el doctor Gonzo, con el maletero repleto de todo tipo de drogas, en la ciudad de Las Vegas tanto para cubrir una carrera de motos en el desierto como encontrar el Sueño Americano. Irresistiblemente divertida, no carece de una mirada lúcida y desencantada de la realidad americana del momento.





















Los confidentes. Bret Easton Ellis
El libro que Bret Easton Ellis publicó tras el ruidoso éxito de American Psycho no es tanto una novela como una recopilación de relatos independientes que Ellis trata de interconectar a través de la numeración de los títulos de cada capítulo y la repetición de ciertos nombres. El autor de Menos que cero reincide en su estilo frío y distanciado y su objeto de estudio -la gente guapa y rica de Los Angeles- sin aportar elementos nuevos. El resultado es un constante déjà vu que sumerge al lector en un tedio análago al de los aburridos personajes del libro, sólo salvado por hallazgos como el capítulo/relato dedicado a un grupo de vampiros y, especialmente, el memorable monólogo final que cierra el libro.





















Psicosis. Robert Bloch
Siempre resulta difícil leer a posteriori una novela que ha dado lugar a un film tan mítico que, incluso, ha acabado tapando al material del que parte. Dejándolo claro, la película dirigida por Alfred Hitchcock resulta notablemente superior, y muy fiel, a lo que, en resumen, resulta un correcto y divertido relato de terror que nos ofrece un dibujo más detallado en los personajes y que, incluso, ofrece algún efectivo momento de horror puro, pero, en conjunto, carece de la angustiosa y claustrofóbica atmósfera de la película protagonizada por Anthony Perkins.





















Fahrenheit 451. Ray Bradbury
La amabilidad del amigo Fer me ha permitido leer por fin el tercer vértice del triángulo de la ciencia-ficción alegórica, completado por Un mundo feliz y 1984. Hermosa semblanza del libro como fuente de conocimiento y motor de la libertad personal, hace gala de una muy cuidada estructura y, especialmente, la inteligente y creíble evolución de su protagonista, desde cuyo punto de vista se narra la acción. Virtudes que compensan su tendencia discursiva.





















American Psycho. Bret Easton Ellis
Otra relectura. La tercera vez que leo esta obra maestra de Bret Easton Ellis (again), sin duda, uno de los acontecimientos literarios de los 90... aunque no precisamente para bien. Masacrada por grupos feministas y las revistas especializadas -el Time dijo de ella que no era más que un manual de como descuartizar mujeres- quizás porque, como bien indicaba David J. Skal en su imprescindible Monster Show, no aceptaban que Ellis llenara de sangre un mundo de papel couché alejado de la literatura de género. Ellis toma el pulso a los recién finiquitados años 80, cuyo capitalismo feroz, culto al cuerpo y triunfo rápido origina seres tan monstruosos, e inevitablemente carismáticos, como Patrick Bateman, perdido en un bucle sin fin de restaurantes de lujo, discotecas de moda y tarjetas de visitas. El autor de Las leyes de la atracción construye un elaborado artefacto literario, laberíntico y reiterativo, atreviéndose a entrar en el terreno del porno duro y el ultragore sin concesiones, brutalmente subjetivo y que, entre sus pliegues, se profundiza en el pavoroso abismo de un ser vacío.





















La mitad oscura. Stephen King
Lo más interesante de La mitad oscura viene dado por lo que tiene de trabajo confesional de Stephen King, quien utiliza un detalle de su propia biografía -la publicación de una serie de libros bajo el pseudónimo de Richard Bachman- para realizar un ajuste de cuentas con sus propios fantasmas, dividido entre su condición de figura popular y sus ambiciones de ser un escritor reconocido. En las páginas de La mitad oscura descubrimos los motivos por los cuales Stephen King se ha convertido en un autor tan querido por el cine, demostrando su habilidad para crear ideas y momentos atractivos, pero que él mismo dinamita por una escritura superficial y precipitada -uno se pregunta si King llega a corregir sus textos o los publica más salir de su máquina de escribir- y cuyo resultado final no puede sino ser la mediocridad más absoluta, muy lejos de las ráfagas de talento de El resplandor.

5 comentarios:

Javier dijo...

Bienvenido, Int. Ya se le echaba de menos debido a su retiro estival. Veo que en sus lecturas ha reincidido en un King que , aunque como bien sabe disfruto hasta en sus obras más vilipendiadas, en este caso no le falta parte de razón en su opinión, porque se trata de una de sus obras que menos me hizo disfrutar de "mi placer culpable".

Int dijo...

Hola, Javi. Me resulta curioso lo que comentas porque yo tenía a "La mitad oscura" como uno de los libros más apreciados por los seguidores de King, pero parece que no es así. A pesar de este tropiezo, seguiré leyendo al sr. King. La relectura que hice hace poco de "El resplandor" me hizo ver que, cuando quiere, demuestra tener talento.

Un saludo.

Yota dijo...


Me alegra mucho tu vuelta, sobre lo que comentas de la tele, yo tengo una nokia (antes ITT) de 18 años toaavía operativa que va como un cañón, la uso para el VHS (tengo cada rareza grabada por ahí) y para las consolas antiguas...

Lo dicho, genial que estés por aquí.

Int dijo...

Hola Yota. La verdad es que, acostumbrados a la alta definición y al buen sonido, uno se da cuenta de la deficiente calidad -tanto en imagen como en sonido- del VHS, pero no deja de tener cierto encanto.

Un saludo.

Stranno dijo...

Todo un estudio sobre la obsolescencia programada.

Ya era hora de que dieras la cara. A ver si organizamos un vicio variado y te presento mis últimas compras, como la Nintendo 64, el Kindle, la Vita y demás historias.