lunes, 11 de julio de 2011

La conversación

(The conversation)
USA, 1974. 113m. C.
D.: Francis Ford Coppola P.: Francis Ford Coppola G.: Francis Ford Coppola I.: Gene Hackman, John Cazale, Allen Garfield, Frederick Forrest

La primera imagen de La conversación supone una precisa definición de la paranoia. Un plano en picado muestra desde la lejanía un parque muy transitado al mediodía: la gente pasea, se sienta en los bancos o se detienen a escuchar a los músicos callejeros. Un lento acercamiento de la cámara va cerrando el plano, denotando el ojo vigilante de alguien. Un espacio público que pierde su condición natural y se convierte en un entorno controlado en el que cualquiera puede ser investigado sin darse cuenta. Una anodina furgoneta aparcada junto a la acera sirve de base de operaciones en la que recoger el cúmulo de conversaciones que se escuchan en el lugar, las cuales serán filtradas en un desnudo almacén equipado con la más alta tecnología a la búsqueda de una frase o una palabra concreta.

El 17 de junio de 1972, cinco indivíduos fueron arrestados acusados de allanamiento de morada en la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata en el edificio de oficinas Watergate, sito en Washington, DC. Posteriormente se descubriría que esos cinco hombres eran agentes de la CIA y que habían sido contratados por miembros del equipo del Partido Republicano de cara a la campaña de reelección de su presidente que empezaría en octubre de ese mismo año. Finalmente, la investigación subsiguiente acabaría revelando la implicación del propio presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, quien guardaba toda una serie de grabaciones magnetofónicas en las que se recogían sus intentos de obstrucción a la justicia de cara a tapar los intentos de grabar escuchas ilegales a los miembros del Partido Demócrata.

La dimisión de Nixon no sólo supuso uno de los últimos clavos en el ataúd de la conciencia estadounidense, sino que dibujaba un desolador panorama en el que la libertades personales eran amenazadas por los avances tecnológicos. En un momento de La conversación, durante una fiesta tras una convención sobre las más novedosas muestras en espionaje, uno de los integrantes confiesa que uno de sus mejores trabajos consistió en la grabación de las conversaciones de uno de los partidos que se postulaban en las elecciones presidenciales, las cuales perdió. Con esta anécdota, Coppola delimita el escenario sociológico en el que se mueven sus personajes, así como carga la atmósfera de un sentimiento de incertidumbre, desconfianza y pesimismo que se concentra en el protagonista del film, Harry Caul.

Harry Caul supone tanto una consecuencia de esos tiempos como una paradoja. Considerado uno de los mejores en su campo de trabajo, la grabación de conversaciones en todo tipo de condiciones adversas, es, al mismo tiempo, una persona obsesionada por preservar su propia intimidad. La primera parte de La conversación sirve de presentación de tan contradictorio personaje: durante el trabajo en el parque, Harry le indica a uno de sus compañeros que no le interesa tanto el significado de esas conversaciones como la calidad de la grabación en sí. Por tanto, está interesado por el proceso, por el trabajo en sí, y no en sus consecuencias colaterales. Pero cuando llega a casa nos damos cuenta de que esa obsesión puede ser una respuesta al miedo que le produce el alcance de su propia labor: cuando se encuentra un regalo de cumpleaños que le ha dejado una vecina en el interior de su apartamento, Harry no valora las intenciones de la mujer, sino que se enfadará al sentir que han violado su intimidad. Incluso, llegará a bandonar a su novia cuando considera que ésta le hace demasadas preguntas.

Harry sólo parece sentirse cómodo delante de su equipo de grabación, manipulando las cintas una y otra vez, aclarando fragmentos y descifrando sílabas apenas audibles. La conversación nos muestra una realidad líquida fácilmente controlable y tergiversable con los medios adecuados. Coppola inserta nuevas imágenes de la pareja que hablaba en el parque como si fueran las piezas de un puzzle que guardan múltiples significados en cada una de sus caras y de resultados variables según se ordene. En este sentido, La conversación se nos aparece como un film bisagra, que recoge la herencia de un pasado cercano (la deconstrucción de la cotidianidad que proponía la seminal Blow Up. Deseo de una mañana de verano, de Antonioni) a la vez que coloca las bases del futuro (la tecnología como medio decodificador de nuestro entorno de la excelente Impacto, de Brian De Palma).

El nudo del film sirve para profuncidar en el pasado de su protagonista, desvelando un sentimiento de culpa que es el origen de su natural tendencia hacia la soledad. Las consecuencias de todo lo dicho confluyen en un clímax final que transforma a Harry en un héroe desnortado que cuanto más se implica en su personal investigación más lejos parece encontrarse de una verdad que le esquiva contínuamente. Coppola acaba integrando a su protagonista dentro de los márgenes del cine de terror (el impactante plano del apuñalamiento contra el cristal), enrareciendo el ambiente de cara a la conclusión final: el movimiento de cámara sobre el que aparecen los créditos finales y que recoge a Harry sentado en medio de su apartamento destrozado supone el testimonio de toda una sociedad abocada al abismo del desencanto, empujada por las oscuras manos de su propio país.

2 comentarios:

Fer1980 dijo...

Me parece bastante pertinente y actual esta pelicula en una era en la que la intimidad, el mero concepto de privacidad se esta volviendo cada vez más ilusorio, los avances tecnólogicos y la llegada de la red al más recondito de los confines (en occidente claro), tienen también su lado oscuro y esta pelicula, creo que a su manera refleja algo parecido.

Recuerdo que cuando vi esta pelicula me parecio agobiante, no había forma de escapar, me parece un magnifica obra

Int dijo...

Sin duda, "La conversación" es una película atada a su época pero que hoy en día siga estando vigente habla tanto del talento de su director como de los tiempos en los que vivimos.

Destacar la presencia de un joven Harrison Ford quien, un año después de "American Graffiti", ya era parte de la generación de los 70.