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jueves, 25 de noviembre de 2010

Phantasma. Apocalipsis

(Phantasm IV: Oblivion)
USA, 1998. 90m. C.
D.: Don Coscarelli P.: Don Coscarelli G.: Don Coscarelli I.: A. Michael Baldwin, Reggie Bannister, Bill Thornbury, Heidi Marnhout F.: 1.85:1

En la entrevista que se incluye entre los extras de la edición española de su notable episodio de la primera temporada de la serie Masters of Horror titulado Esculturas humanas, el director Don Coscarelli se lamenta del peso que ha supuesto el éxito de su primer film, Phantasma, para el resto de su carrera, hasta el punto de que, en estos momentos, sólo encuentra financiación para producir nuevas entregas de dicha saga. Estas circunstancias pueden explicar, que no justificar, la desidia que impera a lo largo del metraje de Phantasma. Apocalipsis, como si en cada plano pudiéramos escuchar el resoplido de frustación de un director cansado de su propia creación, a la que se ve atado por pura supervivencia laboral.

Como no podía ser de otra forma, el comienzo de Phantasma. Apocalipsis vuelve a incidir en el tono episódico, serial, de la saga, presentando un nuevo resumen de lo visto en los "capítulos" anteriores para, a continuación, retomar la acción allí donde se dejara en Phantasma. El pasaje del terror. Pero, en esta ocasión, la habilidad recicladora de Coscarelli llega más lejos al utilizar un buen puñado de escenas eliminadas del primer film para integrarlas en el metraje. De esta manera, recuperamos a los protagonistas de nuevo en su juventud en una serie de secuencias que arroja no poca luz sobre la esencia de la serie Phantasma, así como su estado actual.

Esos momentos recuperados (entre los que destaca el enfrentamiento de Mike y Jody contra el Hombre Alto al que consiguen detener colgándole de un árbol, así como una serie de escenas de transición entre Mike y Reggie) de haber sido incluídos en el film original, éste hubiera sido bien distinto, perdiendo su particular atmósfera surrealista, de febril pesadilla adolescente, que no ha vuelto a aparecer en el resto de películas. Así, se confirma la idea de que las excelencias (únicas) del film original no son consecuencia tanto del talento como de una serie de circunstancias extracinematográficas de orden casi esotérico, poco menos que una alineación cósmica, por la cual la propia película marcaba el camino a seguir a sus creadores. Por lo tanto, no nos encontramos ante el conocido caso de una saga que, a base de alargarla, acaba entrando en el terreno de la mediocridad, sino que esa mediocridad ya estaba incubada desde el principio y, como si fuese su destino natural, finalmente se ha adueñado de todo.

Esta no es la única novedad de Phantasma. Apocalipsis, la cual sustituye los ambientes fúnebres y gélidos de los mausoleos por el desierto rocoso y el sol inclemente del Valle de la Muerte californiano, a donde Mike llegará en busca de explicaciones y para descubrir su papel en los planes del Hombre Alto, involucrándose en una serie de viajes espacio-temporales que incluyen la guerra civil americana y un futuro desolador en el que las ciudades han sido vaciadas de toda vida, hasta encontrarse con el mismísimo Hombre Alto antes de que este fuese malvado. Una estructura que convierte a Phantasma. Apocalipsis en un cruce entre Los inmortales y el episodio resumen de relleno de una sitcom, mientras Coscarelli intenta llevar su film a una duración estándar a través de una serie de lugares comunes familiares para todo seguidor de la saga (las esferas voladoras, los enfrentamientos con las diminutas criaturas encapuchadas, las puertas dimensionales, Reggie encontrándose una chica atractiva con la que intentará acostarse) subrayando a cada minuto el paupérrimo presupuesto manejado (y cuya más triste consecuencia es asistir a uno de los más flojos trabajos de la KNB EFX Group).

Carente de la atmósfera de la primera entrega, de la acción pirotécnica de la segunda y del delirio pulp de la tercera, Phantasma. Apocalipsis se resume en los planos de Mike sentado en medio del desierto, jugando con sus poderes parapsicológicos: la viva imagen de una saga que no tiene a donde ir, porque ya no tiene nada que contar, y que hace tiempo hasta la llegada de la siguiente entrega.

domingo, 31 de octubre de 2010

Phantasma. El pasaje del terror

(Phantasm III: Lord of the Dead)
USA, 1994. 91m. C.
D.: Don Coscarelli P.: Don Coscarelli G.: Don Coscarelli I.: Reggie Bannister, A. Michael Baldwin, Bill Thornbury, Gloria Lynne Henry F.: 1.85:1

La tercera entrega de la saga iniciada en 1979 con Phantasma comienza, como la anterior película, con un resumen de los acontecimientos acaecidos en los títulos anteriores para, a renglón seguido, retomar la acción donde se interrumpió en Phantasma. El regreso. Entre el conjunto de planos reciclados, Don Coscarelli inserta algunas nuevas imágenes que sirven para ligar los acontecimientos pasados con los nuevos. Esta decisión no sólo remarca el carácter serial de la saga (al igual que en los seriales antiguos se nos mostraba el modo en que el héroe saltaba del vehículo antes de que este se despeñara por un acantilado) sino que le sirve al director de El señor de las bestias para asegurarse la futura continuidad de su carrera: cuando vemos al Hombre Alto recoger la deteriorada copia de sí mismo que destruyeron nuestros héroes en el climax de la segunda parte nos damos cuenta de que, siempre que se quiera, hay Phantasma para rato. Algo confirmado por el propio némesis de Mike y Reggie cuando, al final, dirigiéndose directamente al espectador, le asegura que "Esto nunca acaba", aportando un ligero tono paródico que marca el tono de Phantasma. El pasaje del terror.

Si Phantasma. El regreso descontextualizaba a unos personajes y unos elementos, para introducirlos en un nuevo escenario, el cine de acción, haciendo que, por el camino, éstos perdieran toda su sustancia, en esta ocasión, Coscarelli parece querer recuperar esa esencia remitiendo directamente al film original: la presencia de Tim, un niño que se unirá a Reggie en su búsqueda del Hombre Alto supone una actualización de la pareja formada por Jody y Mike en el primer film. Incluso Tim viste de manera parecida a como lo hacía Mike; y Coscarelli no se resiste a repetir la composición del final de Phantasma, mostrando a Reggie y a Tim hablando sentados en el suelo, delante del fuego de la chimenea. Pero Tim ya no es el niño inseguro que era Mike y en su introducción en la historia demuestra saber defenderse: él solo se encargará de tres matones que pretenden saquear su hogar. De esta manera, Phantasma. El pasaje del terror supone una mezcla de las dos anteriores entregas, intentando conciliar el terror y el misterio de la primera, con la acción y la estructura de road movie de la segunda.

Consciente quizás de la viabilidad de convertir Phantasma en una larga serie en la que ya no es posible repetir una y otra vez los mismos acontecimientos, Coscarelli trata de desarrollar la mitología de la saga, aportando una lógica interna. En Phantasma. El pasaje del terror desaparece, ya por completo, la atmósfera onírica y surreal del film que lo empezó todo, pero ahora, al contrario de lo que ocurría en Phantasma. El regreso, se nos da algo a cambio. Coscarelli explota los elementos más pulp de la franquicia, convirtiendo al Hombre Alto en el líder de un ejército cósmico en busca de dimensiones que conquistar y a Mike en un objetivo que corromper. O lo que es lo mismo, un funerario Darth Vader intentando atraer a su particular Luke Skywalker al lado oscuro. Desde sus orígenes en las brumas de las pesadillas infantiles, Phantasma ha acabado encontrando su lugar entre las páginas del bolsilibro de ciencia-ficción.

Una de las virtudes de la saga consiste en presentar una serie de iconos de marcada personalidad que los diferencia del resto de producciones del género: los enormes y majestuosos mausoleos donde transcurre la acción en los que contrasta su inmaculada superficie con el horror que se incuba en su interior; las esferas voladoras que sirven tanto para vigilar como para taladrar la frente de sus víctimas; los merodeadores que profanan las tumbas con sus rostros cubiertos con máscaras de gas. A estos elementos se le suma todo un recital de lugares comunes del cine de terror y fantasía más común: unos molestos y socarrones zombies; pequeñas y monstruosas criaturas dentadas; una mujer guerrera experta en artes marciales; accidentes de coches y explosiones; una enfermera poseída digna del Sam Raimi más lúdico. El resultado de este conjunto, sumado a los toques pulp señalados, convierten a Phantasma. El pasaje del terror en una propuesta tan absurda y delirante como divertida.

domingo, 24 de octubre de 2010

Phantasma. El regreso

(Phantasm II)
USA, 1988. 97m. C.
D.: Don Coscarelli P.: Roberto A. Quezada G.: Don Coscarelli I.: James Le Gros, Reggie Bannister, Angus Scrimm, Paula Irvine F.: 1.85:1

Aunque el cambio del título original en su traducción española responde a unos motivos puramente funcionales (en 1979 se estrenó en nuestras salas Salem's Lot, el resumen cinematográfico de la miniserie televisiva que dirigió Tobe Hooper adaptando la novela de Stephen King El misterio de Salem's Lot, recibiendo el absurdo título de Phantasma II), la elección del subtítulo, no sabemos si de manera consciente, nos recuerda a la perspectiva que adoptó James Cameron a la hora de continuar Alien. El octavo pasajero. Efectivamente, la segunda parte dirigida por el propio Don Coscarelli de su anterior Phantasma supone su Aliens. El regreso: si el film original suponía un viaje por una montaña rusa lleno de sustos, sorpresas y sobresaltos situada en un paisaje surreal, Phantasma. El regreso apuesta por la acción como bien deja patente la escena en la que Mike y Reggie entran en una ferretería y construyen sus propias armas para enfrentarse directamente al Hombre Alto.

Un cambio de tono que no deja de tener su lógica si lo observamos desde el punto de vista de su protagonista: si la atmósfera surreal y fantasiosa de Phantasma era propia de la mentalidad de un niño de 13 años, ahora ese niño ha crecido, y, convertido en un adolescente, ya no tiene tiempo para tanta tontería. Así, Phantasma. El regreso puede verse tanto como una metáfora de la pérdida de la inocencia del espectador tipo del cine de género (poco sitio hay hoy en día para el sentido de la maravilla y el placer por el miedo en un público cada vez más condescendiente) como la confirmación de la imposibilidad de continuar, repetir, un film cuya marcada personalidad lo había convertido en una isla desierta en medio del mar de lo fantástico (como también demostraron segundas partes como Terroríficamente muertos y Masacre en Texas 2, que no vieron otra salida que la de la autoparodia).

Phantasma. El regreso comienza justo donde finalizara la primera parte presentando el formato serial que caraterizará la saga, como si cada entrega (hasta ahora, cuatro) fuera un episodio de una serie. Esta decisión aporta, de entrada, un elemento extraño que se resuelve en una contradicción: la acción continúa donde se dejó en la entrega anterior, es decir, nos muestra el contraplano de la última imagen de Phantasma: el tiempo no ha pasado entre las entregas, excepto para los espectadores y para los actores, quienes lucen un aspecto lógicamente mayor. Esta elipsis metaligüística reincide en el elemento onírico del film original, el cual es neutralizado por el realismo con el que Coscarelli resuelve la secuencia, con Reggie luchando contra las pequeñas criaturas encapuchadas.

Phantasma. El regreso luce durante todo el metraje unos mayores valores de producción que suponen la principal diferencia con respecto a la anterior entrega, la cual, a la luz de los resultados de esta secuela, se descubre como el fruto de unas determinadas condiciones que, unas vez desaparecidas, convierte a los elementos que daban entidad al título original (el Hombre Alto, las esferas voladoras, los duendes encapuchados y, en general, el ambiente fúnebre de mausoleos y cementerios) en un cúmulo de iconos vaciados de sentido, incapaces de levantar un conjunto convencional.

A tenor de todo esto, Phantasma. El regreso bascula constantemente entre el ejercicio del autoremake (repitiendo algunos de los momentos más recordados del original y llegando a aprovechar, incluso, planos de aquél) y la road movie de acción, con Reggie y Mike siguiendo al Hombre Alto mientras este vacía los cementerios de los pueblos por los que pasa, intentando conferir al conjunto una coherencia argumental que contrasta con el surrealismo original (se nos muestra los métodos que sigue el Hombre Alto para alistar a los muertos que desentierra para su ejército sobrenatural) sin que falten los lugares comunes del cine de terror coetáneo, con sus gotas de humor, romance juvenil y desnudos. Si decimos que lo único destacable de Phantasma. El regreso suponen los excelentes efectos de maquillaje debidos al especialista Mark Shostrom (en cuyo equipo podemos localizar los nombres de dos de los futuros fundadores de la K.N.B. EFX Group, Gregory Nicotero y Robert Kurtzman), quedará claro lo poco que diferencia a tan aburrida secuela del más ramplón cine de terror de la época.