domingo, 17 de junio de 2012

Jennifer's Body

(Jennifer's Body)
USA, 2009. 107m. C.
D.: Karyn Kusama P.: Daniel Dubiecki, Mason Novick & Jason Reitman G.: Diablo Cody I.: Megan Fox, Amanda Seyfried, Johnny Simmons, Adam Brody

Esa oda al caos y al ruido que supuso el primer Transformers no sólo sirvió para demostrarnos que el cine es un ente orgánico y vivo cuyo valor estaba por encima del talento de quienes le daban vida, sino que sirvió de carta de presentación de la joven Megan Fox de cara al gran público. La imagen con la que Michael Bay inmortalizaba dicha presentación (el esbelto cuerpo de la actriz de Tennessee flanqueado por la capota abierta de un coche) evidenciaba la sensibilidad camioneril del director de La roca. La celebridad de Megan Fox no viene dada por esa virginal belleza tan propia de la vecinita de al lado (y, por tanto, eficaz actualización de la figura de la princesa en apuros presta a ser rescatada de todo tipo de peligros por el héroe –masculino, of course- de turno), sino que su densa melena oscura, su exótica mirada rasgada y la carnosidad de unos labios tan prestos para el placentero beso como para el doloroso mordisco exudaban la sudorosa e intensa sexualidad de una amazona salida de un taller mecánico.

Es por ello que su presencia en Jennifer’s Body no supone una mera explotación de la reciente fama adquirida ni una pasarela donde lucir su espectacular físico,sino que se trata de un elemento clave en el sentido que encierra la película. No es casualidad que una de las primeras apariciones de su personaje, la estudiante Jennifer que da título al film, sea enfundada en un pizpireto traje de animadora. Jennifer’s Body no reniega de los lugares comunes del cine de terror adolescente –el baile de fin de curso, los conciertos como medio de conseguir un polvo fácil, el cuerpo adolescente como medio de explotación de la degradación de la carne-, sino que los filtra a través de la mirada subjetiva de su protagonista: Anita, a quienes sus amigos llaman Needy, amiga de la infancia de Jennifer, quien representa el poco agraciado papel del patito feo: con su melena desarreglada, la apagada tonalidad de la ropa que viste y sus gafas, su presencia parece calculada para resaltar la de Jennifer.

Los planos en cámara lenta que remarcan los contoneos de Jennifer por el pasillo del instituto, con sus ajustados pantalones vaqueros y sus camisetas prietas que dejan descubierto su ombligo, hacen que ésta resplandezca por encima del gris entorno por el que se mueve, resaltando la turgente carnalidad de sus movimientos. No es extraño, por tanto, que el primer asesinato que presenciamos se lleve a cabo en plena naturaleza, con Jennifer y su víctima –el capitán del equipo de fútbol- siendo observados atentamente por la fauna local. El plano general en picado que muestra a Jennifer nadando desnuda en el lago –un pequeño punto en movimiento en medio de la grandiosidad del entorno natural- la convierte en una tan deseable como peligrosa fuerza atávica, en contraposición a la civilizada y modesta Needy.

El inteligente guión de Diablo Cody radiografía con mirada irónica pero no carente de cierta complicidad un universo teenager basado en la inmediatez de lo virtual: la frase de una de las alumnas del instituto –“tiene que ser verdad, porque lo pone la wikipedia”- evidencia la inmaterialidad en la que viven los personajes, un contexto en el cual la agresividad sexual de Jennifer la convierten en una sanguinaria y caníbal súcubo a ojos de su amiga:comparemos la torpe inseguridad con la que Needy hace el amor con su novio Chip con el festín carnal que Jennifer se da con un joven gótico.

La primera frase que se oye en la película supone un resumen del mensaje de esta: la adolescencia (femenina) es un infierno que surge tanto de los otros como de del interior de uno mismo. Así, las dudas y los conflictos de identidad de Needy (Jennifer pone en evidencia el oculto impulso lésbico de su amiga) son canalizados a través de una irrisoria escapada a la sección de ocultismo de la biblioteca del instituto, con la cual transformar la promiscuidad de Jennifer (quien está dispuesta incluso a robarle el novio) en un film de terror sobrenatural. Las primeras y últimas imágenes de Jennifer's Body (que tienen lugar en una cárcel de menores) resultan reveladoras: las hormonas de la adolescencia suponen una puerta abierta hacia la locura.