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jueves, 27 de enero de 2011

2013: Rescate en L.A.

(Escape From L.A.)
USA, 1996. 101m. C.
D.: John Carpenter P.: Debra Hill & Kurt Russell G.: John Carpenter, Debra Hill & Kurt Russell, basado en los personajes creados por John Carpenter & Nick Castle I.: Kurt Russell, Steve Buscemi, Peter Fonda, Cliff Robertson F.: 2.35:1

Los espléndidos títulos de crédito de 2013: Rescate en L.A. no sólo sirven como presentación de la película en sí, sino que ofician como declaración de principios de sus intenciones. Que en las tareas de dirección, producción y guión aparezcan acreditados los nombres que ya hicieron posible la lejana 1997: Rescate en Nueva York es indicativo de hasta qué punto nos encontramos ante una película familiar. Un film hecho por y para fans del personaje de Snake Plissken. Pero si los nombres son los mismos, sus circunstancias y el contexto en el que se desarrollan son notablemente diferentes.

Especialmente en el caso de su director y guionista, John Carpenter, quien, desde luego, no es el mismo que en 1981 estrenó la primera desventura de Snake Plissken. Por entonces, el director de La niebla se había hecho un nombre a través de pequeñas películas de bajo presupuesto dentro del cine de género. Era un Carpenter que aún no había sido tentado por la gran industria. En suma, aún no había hecho La cosa, película que supuso su debut dentro de la maquinaria de gran aparato y cuya calamitosa acogida (por parte de público y crítica) es todavía recordada hoy por el cineasta norteamericano como una de las peores experiencias de su ya larga carrera. Cuando, quince años después, Carpenter retoma el personaje de Plissken, parece haber hecho las paces con la industria tras el proceso de purificación que supuso su regreso a la Serie B con El príncipe de las tinieblas en 1987. Pero los sendos fracasos de Memorias de un hombre invisible y su remake El pueblo de los malditos podrían hacernos pensar que nos encontramos ante un run for cover en toda regla. Una imagen nos demostrará que estamos muy equivocados: un travelling recorre las gigantescas letras que dan nombre a la meca del cine, situadas en Cahuenga Peak, y que son pasto de las llamas: John Carpenter ha utilizado la secuela de 1997: Rescate en Nueva York como un ajuste de cuentas con Hollywood.

Al igual que ocurría con aquel film, 2013: Rescate en L.A. comienza situándonos en el escenario en el que transcurrirá la acción. Pero hay una diferencia notable: si en aquella, un sencillo gráfico servía para resumir toda la situción, aquí Carpenter escenifica el terremoto que asoló Los Angeles, convirtiéndola en una nueva prisión a la que deportar a todo ciudadano que no se ciña por las severas normas morales creadas por el presidente de los USA, haciendo uso de los avanzados efectos digitales, mostrando a los edificios haciéndose añicos y a los puentes derrumbándose. La intención parece clara: demostrar el mayor nivel de producción con el que cuenta ahora Carpenter, en contraste con la austeridad de antaño. Pero esta avanzada tecnología se fractura con la presentación de Plissken: con la misma ropa que en la primera película y en la misma situación (dentro de un furgón, esposado) parece surgido de una máquina del tiempo, como si para él no hubiera pasado el tiempo y siguiera viviendo en 1997.

La nueva misión de Snake, rescatar un disco que ha caído en manos de un grupo rebelde y cuyo poder puede anular toda la tecnología del planeta, copia la estructura de 1997: Rescate en Nueva York, tanto en las situaciones generales (Snake vuelve a luchar contra el tiempo, los excéntricos personajes con los que se encuentra) como particulares (Snake sentándose en una destartalada silla) planteándose mas como un remake que una secuela. Pero Snake está más viejo y ya no tiene paciencia para determinadas tonterías. Y Carpenter tampoco. Que la acción se sitúe en la ciudad de Los Angeles y que zonas tan famosas como Mulholland Drive o Sunset Boulevard sean sus principales localizaciones no son una casualidad: en 2013: Rescate en L.A. Carpenter evidencia su desprecio ante el cine de acción coetáneo que impone la dictadura de los efectos especiales y la pirotecnia sobre la narración.

Como si fuera un agente subversivo infiltrado, Carpenter hace uso de la materia prima de los blockbusters de temporada para dinamitarlos con su insobornable posición de humilde storyteller. El uso que da a la magia digital es tan naïf y voluntariamente demodé que recuerda a las transparencias y maquetas que utilizó en la primera película. El itinerario de 2013: Rescate en L.A. parece buscar el más difícil todavía, lleno de situaciones tan exageradas (las maniobras que hace Snake con una moto) y estrafalarias (la prueba de baloncesto) que dotan al film de una atmósfera casi surrealista (Snake convertido en un improvisado surfista), a un paso de caer en el ridículo, pero siempre sostenida por el pulso narrativo de Carpenter quien, con el clasicismo de su puesta en escena y la elegancia de sus composiciones, trasciende ese material de derribo para convertirlo en un divertidísimo espectáculo a la vez que una impecable película de acción.

Si 1997: Rescate en Nueva York hacía gala de un cierto desencanto, 2013: Rescate en L.A. resulta directamente nihilista. A través de la radical acción final de su personaje, Carpenter le da la espalda a la tecnología como motor central de cine para reinvindicar la pureza primitiva del cuentacuentos. Los años han pasado y Carpenter, al igual que sus héroes, cada vez se siente más solo y cansado, pero ahora, además, está muy enfadado.


miércoles, 26 de enero de 2011

1997: Rescate en Nueva York

(Escape From New York)
UK/USA, 1981. 99m. C.
D.: John Carpenter P.: Larry J. Franco & Debra Hill G.: John Carpenter & Nick Castle I.: Kurt Russell, Lee Van Cleef, Ernest Borngnine, Donald Pleasence F.: 2.35:1

Es celebérrima la frase con la que John Ford se presentaba a los desconocidos: "Me llamo John Ford y hago westerns" Una sentencia que en su concreción y humildad encerraban las claves de un narrador superdotado que dejaba que su obra hablara por él. Y no era mentira. Desde luego, Ford no hizo únicamente westerns, pero es muy posible que sea en sus títulos más famosos (Centauros del desierto, La diligencia o El hombre que mató a Liberty Valance) donde encontremos la esencia del mejor Ford: es decir, el sincero narrador cuyo único objetivo principal es contar una buena historia a su público. No me cabe la menor duda de que John Carpenter podría hacer suya dicha frase aunque, en sentido estricto, el director de La cosa no haya hecho ningún western. Y no será porque no lo haya intentado en cada una de sus películas.

"El placer de narrar", así titulaba el desaparecido José Luís Guarner su crítica de La noche de Halloween. Un título que no sólo sirve para acotar a la perfección el acercamiento de Carpenter al acto de hacer cine, sino que es una buena pista para comprender la posición anacrónica del cineasta norteamericano: Carpenter es una figura que parece que nunca está de moda a pesar del puñado de títulos brillantes, algunos auténticos clásicos, que ha brindado a la historia del cine: la intención de Carpenter en cada película es, al igual que Ford, contar una historia, relatar un cuento y hacerlo de la mejor manera posible. De ahí que su cine parezca que habla siempre en voz baja, pero cuidando y midiendo cada una de sus frases: Carpenter privilegia una buena caligrafía al uso hipertrófico de las mayúsculas. En esto, el inicio de 1997: Rescate en Nueva York resulta ejemplar.

Unos sucintos letreros nos colocan en el momento en el que transcurren los hechos. A continuación, un sencillo gráfico acompañado de una informatizada voz femenina nos presenta la situación actual: la isla de Manhattan ha sido convertida en una enorme ciudad-prisión a la que destinar a los delincuentes más peligrosos. La primera imagen que vemos es la de un jeep conducido por unos soldados. La cámara se eleva, recorriendo un inabarcable muro, cuya cima está presidida por otro soldado quien, con su rifle, vigila la isla que podemos atisbar en la negrura de la noche, al fondo. Un solo plano. Un único movimiento de cámara son suficientes para levantar, y hacer verosímil, el escalofriante mundo totalitarista que dibuja 1997: Rescate en Nueva York.

Esa inmediatez narrativa, y que resulta clave en el cine de Carpenter, es la que hace de 1997: Rescate en Nueva York una película esencialmente física: los personajes se caracterizan tanto por su aspecto como por sus movimientos: la caracterización de Snake Plissken, con sus greñas desordenadas, su barba, su sempiterno cigarrillo en los labios y su parche, le presentan como todo un símbolo rebelde cuya mera presencia resulta una molestia para ese mundo que ha convertido la compasión humana en una moneda de cambio. Los lacónicos diálogos no sirven tanto para aportar información o desarrollar el guión como diáfanas declaraciones de principios: la hostilidad cómplice entre Hauk, quien envía a Snake a una misión contrarreloj para rescatar al presidente de los Estados Unidos cuyo avión se ha estrellado en la isla, y Snake, un delincuente cuya leyenda siempre va por delante de él, les sitúa en el mismo bando a pesar de sus aparentes diferencias: ambos son los residuos de una época pasada y que se han integrado como han podido a los nuevos tiempos: cada uno a un lado de la ley.

La combinación en el reparto de viejas glorias del cine de evasión clásico (Lee Van Cleef, Ernest Borgnine, Donald Pleasence) con rostros habituales de la Serie B del momento (Harry Dean Stanton, Adrienne Barbeau, Isaac Hayes) evidencian la condición de 1997: Rescate en Nueva York de recopilatorio (sub)genérico: la fusión del pasado y el presente en una producción que supone una amalgama de los lugares comunes del cine de acción de bajo presupuesto: desde la ciencia-ficción (los sucesos transcurre en un futuro distópico) a la acción más directa (la figura de Plissken como paradigma del actioner y el solitario gunfighter, el combate entre el protagonista y un enorme y musculoso contrincante en un cuadrilátero) pasando por el terror (los habitantes del subsuelo surgen de las alcantarillas como si fuesen muertos vivientes) y el cine apocalíptico (las calles de Nueva York, inundadas en una noche eterna, llenas de desperdicios, vagabundos, coches volcados y rodeadas de edificios ruinosos).

Al igual que ocurría con Asalto en la comisaría del distrito 13, Carpenter vuelve a levantar un ejercicio postmoderno en el que la ironía ha sido sustituída por la nostagia. Que Carpenter tenga que desarrollar unos personajes sacados directamente del western clásico en un contexto de fantasía resulta sinónimo de su condición crepuscular. La estructura de 1997: Rescate en Nueva York hace gala de un nihilismo que es afrontado por la inquebrantable fuerza de voluntad de su protagonista. La imagen de un Snake agotado y perdido, al que se le acaba el tiempo (el de su misión y el de su vida), levantando una sucia y destartalada silla del suelo y sentándose en ella en medio de un dantesco escenario rima con el plano con el que Carpenter cierra la película: un travelling que sigue a Snake hacia un fundido en negro. Está claro, los héroes son escasos y están cansados, pero no vencidos.