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domingo, 7 de febrero de 2010

Up


(Up) USA, 2009. 96m. C.
D.: Pete Docter & Bob Peterson
I.: Edward Asner, Christopher Plummer, Jordan Nagai, Bob Peterson

A estas alturas, resulta absurdo esbozar las bondades técnicas de esta película de Pixar. Desde sus comienzos, el estudio liderado por John Lasseter siempre ha liderado el terreno de la animación 3D y la comparación con los productos de los estudios rivales no ha hecho más que engrandecer la distancia, alejándoles de ellos. Lo importante es la portentosa habilidad con la que los animadores de Pixar parecen querer reinventar el cine de animación, llevándolo siempre más allá, como si cada película fuera un paso más del que siempre seguir hacia delante. El título de su último largometraje se presenta como una puesta al día de ese lema fundacional con el que Pixar dejó claro sus objetivos ya desde sus inicios: "Hasta el infinito y más allá".

El principio de
Up luce el tono más realista que hasta la fecha haya mostrado Pixar. En quince minutos, se nos cuenta la historia de la vida de Carl Fredericksen, desde la niñez hasta que es un anciano, con las luces (el despertar de la fantasía y el asombro, el encuentro con su alma gemela, Ellie, y la confirmación de su amor con el matrimonio entre ambos) y las sombras (la escena en el ginecólogo, cuando descubren que no pueden tener hijos o la muerte de Ellie, llevándose con ella la felicidad a su esposo) que marcan la vida de cualquiera de nosotros. Un realismo muy actual cuando el protagonista se vea obligado a abandonar su hogar debido a las ambiciones especulativas de una oscura empresa. El viaje que hace Fredericksen (junto a un joven explorador que se ha colado en el hogar, Russell) convirtiendo su casa en un globo tirado por miles de pequeños globos de colores introduce de golpe la fantasía, lo maravilloso, rompiendo la atmósfera realista con imágenes casi surrealistas (y que a mí me han recordado al cine de Terry Gilliam). A partir de aquí, entramos en terreno conocido: la fantasía, el sentido de la maravilla y la aventura como camino para dar luz a una realidad demasiado oscura.

Up
hace gala del ritmo habitual del cine de Pixar, combinando la acción (el enfrentamiento con una jauría de perros) con el gag en estado puro (el pájaro gigante Kevin, todo un alarde en las manos de los magos de Pixar), el drama más intimista (Russell hablando de la inexistente relación con su padre) y las ocurrencias más extravagantes (ese ejército compuesto por perros que manifiestan sus sentimientos a través de unos collares electrónicos - a medio camino entre WE3 y El dulce hogar de Chi-).

Pero en sus minutos finales,
Up da la vuelta a su mensaje. En una escena que recupera el tono dramático y que rima con el inicio del film, Up se convierte en un viaje a través de la fantasía para demostrar que la auténtica épica se encuentra en nuestra vida cotidiana, en nuestro día a día. Todo un canto humanista a la capacidad del ser humano para transformar su mundo con la poesía con la que teje sus sueños.


sábado, 30 de enero de 2010

Blow Up. Deseo de una mañana de verano

(Blowup) UK/Italia/USA, 1966. 111m. C.
D.: Michelangelo Antonioni
I.: David Hemmings, Vanessa Redgrave, Sarah Miles, Peter Bowles

Blow Up. Deseo de una mañana de verano (inspirada en el relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo) supone la culminación de lo que se dio en llamar el cine de la incomunicación, y que Antonioni inauguró con La aventura en 1960, y continuó con La noche, en 1961, El eclipse, en 1962 y El desierto rojo en 1964. Un cine en el que los personajes, por lo general gente acomodada, pertenecientes incluso a la burguesía más elitista, descubren que más allá de su realidad circundante, la que viven día a día, existe otra realidad, una realidad paralela que, de golpe, les desorientan, sintiéndose perdidos e incapaces de comunicarse con sus semejantes. Por lo general, un suceso misterioso es el detonante de ese descubrimiento. Si en La aventura era la repentina desaparición de una persona, en Blow Up. Deseo de una mañana de verano es un asesinato.

David Hemming interpreta a Thomas, un prestigioso fotógrafo cuya visión del mundo es filtrada por el objetivo de su cámara. Una visión muy superficial como demuestra el que sea capaz de pasar de fotografiar la suciedad y la pobreza en la que viven los trabajadores de una fábrica a realizar sesiones con modelos representantes de la atmósfera pop y modernista del Londres de los 60 sin que parezca afectarle. Thomas es un personaje que deambula, toda la película se está moviendo de un lado para el otro. Durante la primera mitad le seguimos de su estudio a la casa de un amigo pintor, el encuentro con su editor y la posterior visita a una tienda de antigüedades, el paseo por un parque. Todos esos movimientos están dictados por su interés por captarlo todo, cualquier escenario, cualquier movimiento, para captar, retratar la realidad. Una realidad que se descubre como un elaborado trampantojo. La mirada de artista de Thomas le abrirá paso a esa dimensión paralela que sostiene la nuestra, ese reverso negativo en el cual un idílico paseo por el parque entre dos enamorados se transforma en un frio asesinato. Tras este descubrimiento, Thomas ya no puede ser la misma persona. Tras este fugaz instante de lucidez , Thomas pasará de deambular a vagar, andar desnortado, perdido ante un mundo que ya no reconoce. También consternado ante la futilidad de todo intento de representar la realidad, pues esta se descubre como volátil, licuosa.

Blow Up. Deseo de una mañana de verano es posiblemente la película más popular de Antonioni, convertida hoy en día en todo un icono estético (su portada se ha representado en varias ocasiones en camisetas y en serigrafías) como histórico (la representación del swinging London, movimiento cultural reflejado tanto en el trabajo del protagonista -sus sesiones de moda- como en el ambiente hedonista que marca las imágenes -los jóvenes mimos que recorren la ciudad a modo de artistas callejeros, los conciertos de rock en recintos subterráneos, las drogas y el alcohol que impregnan las reuniones de la alta sociedad, la promiscuidad y libertad sexual). Esta popularidad se ha visto reflejada en la prolongada influencia que Blow Up. Deseo de una mañana de verano ha tenido en el cine posterior a su estreno: los desolados ambientes urbanos, recorridos por individuos solitarios (generalmente artistas) inmersos en misterios cuya resolución está ante sus ojos pero son incapaces de comprender, del cine de Dario Argento (El pájaro de las plumas de cristal o Rojo oscuro, también interpretada por David Hemmings); la representación de esa realidad alternativa a través de unas imágenes de fuerte sensualidad, cuya ensoñadora belleza las vuelve tan cegadoras como etéreas (Picnic en Hanging Rock) o el movimiento que deviene desorientación como reflejo de la imposibilidad de aprehender la realidad (Zodiac, Demonlover, Eyes Wide Shut). Influencia que tuvo su justo reconocimiento en 1981 con la relectura que Brian De Palma hizo del film de Antonioni en la excelente Impacto (Blow Out).