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lunes, 7 de junio de 2010

Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra!

(Tropic Thunder)
USA/UK/Alemania, 2008. 121m. C.
D.: Ben Stiller P.: Stuart Cornfeld, Eric McLeod & Ben Stiller G.: Ben Stiller, Justin Theroux & Etan Cohen I.: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Jack Black, Jay Baruchel F.: 2.35:1

Convencer a un buen puñado de estrellas (y casi iconos) de la industria hollywoodiense para participar en una película que muerde con saña la mano que les ha convertido en lo que son (y que les permite seguir siéndolo) y conseguir, además, que el objetivo de sus dardos les felicite y les premien por ello, no es el logro más importante de Ben Stiller, pero sí el más sorprendente. Los falsos trailers con los que comienza Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! dejan bien claro que Stiller sabe muy bien qué terreno está pisando y cómo moverse por él: un repaso a las constantes imperantes en el cine comercial (desde la comedia de sal gruesa al blockbuster de acción, pasando por el drama intimista reinvindicativo: hay balas para todos) que Stiller construye sin subrayados, mostrándolos tal cual son, consciente de que se ridiculizan por sí mismos.

Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! hace auténticos equilibrios entre la comedia gamberra y el humor más sutil y elaborado a la hora de dibujar un feroz retrato de una fauna egocéntrica y estúpida (el actor del método que se pone en la piel -¡literalmente!- de su personaje, el héroe de acción que quiere ser reconocido como actor "serio", la estrella musical que utiliza el film como escaparate de sus propios productos) y de una industria canibalizadora para quien el dinero que consigue con sus actores es más importante que la vida de estos. Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! construye dos niveles en su andamiaje cómico: el primero, el más superficial y evidente, es el formado por las parodias más reconocibles de clásicos del cine bélico (de Apocalypse Now a Platoon, las más obvias) y los gags más directos y gamberros. Una especie de cebo que sirve para esconder un discurso más sutil (más hiriente) que surge ante todo de la puesta en escena de Stiller a la hora de utilizar los lugares comunes que pretende criticar pero sin la necesidad de darlos la vuelta, sino, al contrario, mostrarlo frontalmente, desnudos, en toda su (absurda) puereza. De esta manera, Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! es un film más políticamente incorrecto de lo que parece (que ya es decir) al camuflar sus auténticas (y destructivas) intenciones bajo el ropaje del cine que, en el fondo, está ridiculizando, pero que, a la vez, vende como reclamo al público.

Al comienzo de esta reseña decía que la voluntad iconoclasta de Stiller no era su mayor logro. Al igual que ocurría con las también excelentes El baile de los vampiros o Un hombre lobo americano en Londres, Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! funciona tanto por delante como por detrás. Es decir, nos encontramos tanto ante una divertidísima comedia como una trepidante película de acción: el explosivo comienzo y el adrenalínico final podrían rivalizar con cualquier muestar de cine espectáculo coetáneo. Esto es lo que convierte a Tropic Thunder ¡Una guerra muy perra! en una modélica parodia en particular y una gran película en general.