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jueves, 3 de junio de 2010

Petición: Mortal Kombat

(Mortal Kombat)
USA, 1995. 101m. C.
D.: Paul W.S. Anderson P.: Lauri Apelian & Lawrence Kasanoff G.: Kevin Droney I.: Christopher Lambert, Robin Shou, Linden Ashby, Cary-Hiroyuki Tagawa F.: 1.85:1

¿Puede una película basada en un vídeo-juego cuya mayor seña de identidad, y fuente directa de su popularidad, fue su desmedida violencia no contener prácticamente ni una sóla gota de sangre? ¿Puede una canción salvar una mala película? ¿Y puede esa mala película redimirse con el paso del tiempo? Estas son algunas de las varias preguntas que uno se plantea mientras ve, atónito, Mortal Kombat, adaptación por parte del incomprensiblemente popular Paul Anderson, quien años después volvería al escenario del crimen con la igualmente mediocre Resident Evil, del célebre juego de lucha Mortal Kombat, diseñado por Ed Boon y John Tobias para la compañía Midway.

Desde luego, no podemos afirmar que Mortal Kombat haya mejorado con el paso de los años, pero sí es justo reconocer que ha adquirido unos valores extracinematográficos que hace que su visionado sea más simpático de lo que lo fue en su momento. Mortal Kombat no es más que la puesta al día del icónico esquema argumental del torneo de artes marciales que reúne a los mejores luchadores del planeta (y de las dimensiones) y cuyos antecedentes más reconocibles (al menos para el gran público) sería Operación Dragón y Contacto sangriento. En el caso que nos ocupa, este escenario sirve para plantear el primigenio enfrentamiento entre el Bien y el Mal, la luz y la oscuridad (literalmente: Rayden, representante de los "buenos" viste de blanco, mientras que su némesis, Shang Tsung le tiene cariño a las ropas más oscuras), quienes eligen a sus luchadores para que peleen por ellos. Pero todo esto no es más que una excusa. Lo que realmente quiere ver el público potencial del film es ver a sus personajes favoritos haciendo los mismos movimientos que en el juego. La influencia de dicho juego no sólo se ve reflejada en el argumento y los personajes, sino en la propia estructura de la película: una acumulación de escenas de acción sin ningún tipo de lógica ni espacial ni temporal, saltando los protagonistas de un escenario a otro y haciendo avanzar el metraje a base de mamporros (eso o nos encontramos ante el torneo de artes marciales con peor organización de la historia, tal es la confusión en la sucesión arbitraria de los combates: ¿Por qué algunos se desarrollan en una especie de tatami rodeado de gente y otros en un bosque en soledad? ¿Por qué Liu Kang tiene que combatir tres veces consecutivas y sus compañeros, Johnny Cage y Sonya Blade sólo una cada uno?).

Hacia mediados de los 90 se produjo un pequeño boom del cine fantástico y de terror de target principalmente juvenil (y en esto tuvo mucho que ver el éxito de Scream. Vigila quien llama y la resurreción del subgénero killer on the loose). La principal característica de estos films consistía en que eran películas cuya base argumental e incluso narrativa pertenecía a los modestos territorios de la Serie B pero cuya visualización en pantalla parecía querer ocultar esa condición mediante la actualización tecnológica con mayor (Hombres de negro o El mundo perdido: Jurassic Park) o menor (The Relic o Anaconda) presupuesto. Mortal Kombat supone la radicalización de ese tipo de productos: su recargado diseño de producción de notorio cartón-piedra, su uso (y abuso) de la técnica del morphing, su Goro animatrónico, sus ridículos disfraces (aunque poco se podía hacer con los feos diseños originales. Si quieren ver un Rayden como Dios manda acudan a Golpe en la pequeña China) y su banda sonora maquinera, vistos hoy en día, no puede por menos que dibujarnos una sonrisa en nuestra cara puesto que reflejan con meridiana precisión su auténtica naturaleza: por mucho que Paul Anderson la adornara con ampulosos movimientos de cámara, el destino natural de Mortal Kombat sería las estanterías del vídeo-club más tirado de barrio (y ojo, que no estoy hablando de DVD, sino del arcaico y entrañable VHS).