(The Departed) USA/Hong Kong, 2006. 151m. C.D.: Martin Scorsese
I.: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Mark Wahlberg
Que una personalidad cinematográfica de la talla de Martin Scorsese, capaz de marcar tres décadas consecutivas con obras del calibre de Taxi Driver en los 70, Toro salvaje en los 80 y Uno de los nuestros en los 90, finalmente consiguiera el Oscar al mejor director por realizar el remake de una película hongkonesa (Juego sucio, mejor conocida por su título internacional Infernal Affairs) resulta signifivativo de la situación final del llamado Nuevo Hollywood que cambió el panorama cinematográfico USA entre los 60 y 70. Con todo, Scorsese puede estar contento. Con William Friedkin o Michael Cimino en situación desaparecida y Coppola marginado por decisión propia, Scorsese seguramente sea, junto a Steven Spielberg y (relativamente) Brian De Palma, de los más afortunados del grupo, convertido hoy en un nombre de prestigio capaz de facturar obras de encargo de gran calado y darles un toque de respetabilidad, pero perdiendo por el camino casi cualquier mirada personal.Juego sucio es un importante film hongkonés cuyo mayor mérito consistía en sustituir la hiperbólica visión de la violencia que John Woo aportó al género de acción por una trama de gran calado psicológico. La historia de dos infiltrados, uno en la policía y el otro en un grupo de criminales, que se intentan desenmascarar el uno al otro acababa siendo un retrato acerca de la fragilidad de la identidad y como las máscaras podían llegar a sustituir a las auténticas caras. Un mensaje ausente por completo en Infiltrados donde Matt Damon (como el criminal infiltrado en la policía) y Leonardo DiCaprio (el policía que se hace pasar por mafioso) son meras marionetas sin personalidad que se limitan a jugar al gato y al ratón en una serie de set pieces carentes de tensión. El problema principal radica en la descompensación a la hora de dibujar a los personajes: Collin Sullivan es un personaje de una sola pieza, sin evolución dramática y que nunca llega a resultarnos interesante, en gran parte por culpa de la pobre interpretación de Matt Damon. Más interesante resulta Billy Costigan al que DiCaprio sabe aportar matices psicopáticos, producto del ambiente violento en el que tiene que sobrevivir. La relación que mantiene con su psicóloga, a la vez novia de Collin, es de lo mejor de la película. Pero poco puede hacer ante el irritante one man show de Jack Nicholson, quien en cada aparición canibaliza la historia, los personajes y todo.
Quizás consciente de la parquedad dramática del conjunto, Scorsese intenta dinamizar el relato a través de la violencia y la música, dos de las señas de identidad habituales de su obra, convirtiendo la media hora final en un precipitado recuento de muertes. La inclusión en la banda sonora del tema Thief's Theme, interpretado por Nas, una canción hip hop de 2004 que contiene samples del clásico de los 60 In-A-Gadda-Da-Vida, es representativo de los intentos de Scorsese de incluir la energía de antaño a sus situación cinematográfica actual. Un intento hasta ahora, y a falta de ver Shutter Island, fallido.