martes, 2 de noviembre de 2010

La lista de Schindler

(Schindler's List)
USA, 1993. 195m. C/BN
D.: Steven Spielberg P.: Branko Lustig, Gerald R. Molen & Steven Spielberg G.: Steven Zaillian, basado en el libro de Thomas Keneally I.: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall F.: 1.85:1

Hacer una película que retrate los inhumanos sucesos acaecidos en el interior de los campos de exterminio nazis conlleva, de entrada, un problema en el acercamiento a dichos hechos. El problema que surge de la distancia apropiada para captar el realismo de tales sucesos sin caer en la explotación morbosa de estos pero, tampoco, alejarse tanto hasta el punto de incurrir en una excesiva desdramatización. Si, además, el director de dicho film es judío, esa línea de separación se vuelve aún más fina, más inestable. Si dicho director judío se llama Steven Spielberg, cuya importancia a la hora de desarrollar el cine comercial de las décadas anteriores es tan indiscutible como la animadversión que provocó en cierta corriente de opinión, dicho problema se convierte en un abismo casi insondable. Todos estos impedimentos arrojan luz acerca de los tibios resultados de su mirada acerca del holocausto judío.

La lista de Schindler no es la primera tentativa dramática de Spielberg (ahí tenemos títulos como El color púrpura, El imperio del sol y Always (Para siempre)), pero sí que es la más importante, especialmente por el punto y aparte que supuso en su filmografía. El éxito tanto de público como de crítica de La lista de Schindler no sólo sirvió para consolidar el prestigio de su director (que se sumaba al favor de la taquilla conseguidos hace años), oficializado por los numerosos Oscar otorgados por la Academia, sino que supuso un baño de realidad (en palabras de Tomás Fernández Valentí) que impregnaría no sólo sus posteriores films histórico/dramáticos (Amistad, Salvar al soldado Ryan) sino, también, sus acercamientos al cine de ciencia-ficción (las extraordinarias A.I. Inteligencia Artificial y Minority Report).

La lista de Schindler comienza con una escena en color donde asistimos a una ceremonia judía celebrada en la intimidad de una pequeña habitación a la luz de unas velas. El siguiente plano es en blanco y negro, al igual que la práctica totalidad de la película, y nos muestra la diligencia y cuidado con la que un funcionaro alemán prepara sus utensilios para anotar los nombres de las familias judías que llegan desde el campo para ser internadas provisionalmente en la ciudad de Cracovia. Con este comienzo Spielberg asienta las bases de su película, construyendo dos puntos de vista: uno didáctico, y otro de índole dramática.

El primero, el didáctico, es, sin duda, lo más interesante del film. La manera con la cual el gobierno nazi institucionaliza el exterminio de un grupo de seres humanos resulta más escalofriante que una imagen llena de dolor. La presentación de Oskar Schindler resulta significativa en este sentido: una serie de planos detalles nos muestran a Oskar preparando su vestuario: eligiendo su chaqueta, sus corbatas, sus gemelos. Estas maneras casi rituales tienen su macabra correspondencia con las listas confeccionadas en las que se decide quien vive y quien muere. Una manera de instrumentalizar la muerte a través del lenguaje que, en cierta manera, explica que una barbarie semejante pudiera tener lugar como bien demostraba la ejemplar La cuestión humana.

En lo que respecta al trasfondo dramático, este está representado principalmente en las figuras del propio Oskar Schindler y en la del sanguinario oficial de las SS Omar Goeth, quienes se nos presentan como si fueran las dos caras de una misma moneda: ambos son alemanes pertenecientes al partido nazi, pero mientras que Schindler demuestra la posibilidad de una toma de conciencia en el interior del nido del Mal, Goeth representa la materialización de ese mismo hálito maligno en la forma de un ser situado, gracias a un clima propicio a ello, en un ángel exterminador en cuyas manos está la diferencia entre el Bien y el Mal. Si bien este apartado no carece de buenas ideas (Goeth disparando con total arbitrariedad desde el balcón de su mansión; el mitigado deseo que siente hacia su sirvienta judía), da la impresión de que al abandonar el conjunto para acercarse a lo individual, Spielberg muestra sus costuras. La lista de Schindler funciona mejor en los planos generales (la oscuridad de la noche de Cracovia iluminada por el resplandor de los fusilamientos vistos a través de las ventanas de los edificios) que en los primeros planos (los abundantes retratos de los rostros sucios de los niños llevados a los campos).

A pesar de sus indudables, y compartibles, buenas intenciones, La lista de Schindler resulta un producto artificioso debido, precisamente, a esas mismas intenciones, que pesan como una losa, aplastando el aspecto creativo del film. La utilización del blanco y negro, intentando aportar una textura documental a los hechos, revela su auténtico valor esteticista en la escena en la que Schindler ve representada su conciencia en la imagen de una niña vestida con un abrigo de color rojo. Los abundantes planos llenos de desnudos (tanto de las mujeres con las que se acuestan los protagonistas como de los internos en los campos de concentración) y gráfica violencia no deben su existencia a la búsqueda de una fidelidad realista, sino como muestra del grado de compromiso de un director que, por lo general, no suele utilizar dichos elementos en su filmografía: un medio con el que demostrar que, ahora, se está hablando de cosas serias.

La caida de La lista de Schindler en el sentimentalismo más lacrimógeno en su media hora final (y que concluye con unas escenas en color situadas en la actualidad cuyo mensaje demagógico sólo puede resultar bochornoso) demuestra que Spielberg a la hora de dirigir su película se ha guiado más con el corazón que con la cabeza, lo cual resulta humanamente elogiable, pero que no basta para convertir a La lista de Schindler en una buena película.

8 comentarios:

Nonchalant Debonair dijo...

Sentimentalismo lacrimógeno? Mensaje demagógico bochornoso? No puedo estar más en desacuerdo. Son unas secuencias fundamentales que ofrecen esperanza y redención después de haber asistido a un relato de terror. Ha sido La Lista de Schindler una de las películas con las que he pasado más miedo. Era necesario no sólo contar esta historia, sino también decir que se logró salir de aquello y que es necesario evitar que se repita. El blanco y negro me parece un recurso acertadísimo porque remite al espectador a la época y a tantos documentales con imágenes reales de holocausto. A mí me parece, en fin, una película fundamental y obligada.

José M. García dijo...

No veo mal incluir una luz al final del túnel, pero creo que se puede hacer por medios menos manipuladores.

El problema principal de la aceptación de esta película es el no saber diferenciar el contenido y el continente. Por supuesto que los hechos que se narran son escalofriantes, pero ese es un efecto implícito a la hora de utilizar unos sucesos tan horrorosos como tristemente reales. Pero no creo que Spielberg aporte nada esa base.

Anónimo dijo...

se puede hacer por medios menos manipuladores.

>>> Me resultan llamativas estas palabras porque entiendo que el final es el lógico para la película. Si nos situamos en un contexto realista, no debería sorprender que un empresario bebedor, putero y de dudosa moral que ha arriesgado su vida y se ha arruinado tratando de salvar vidas (insisto, en un contexto de realidad en el que el horror está presente a diario) llore y se desplome pensando que quizá pudo haber hecho más. No es una situación extraña cuando asumes la responsabilidad hacia alguien y ese alguien acaba mal.

En todo caso, sería interesante que profundizáramos en cómo hubieras representado esa época y esos sucesos. Y no lo digo como un reto en plan borde XD sino porque casi todos los autores que se han acercado a ese momento lo han hecho con un estilo similar (El Pianista, de Polanski), salvo honrosas excepciones como El Libro Negro de Verhoeven (y porque la película va de otras cosas).

Saludetes

José M. García dijo...

Cuando hablo de final manipulador me refiero al epílogo en color con los auténticos supervivientes salvados por Schindler acompañados de los actores que les representan mostrando sus respetos en la tumba del auténtico Schindler. No es que me parezca que sobra, sino que me resulta vergonzoso.

Y no se trata de un problema de representación, sino que no veo valores cinematográficos en la película. Me da la impresión que Spielberg sentía tanto respeto por el tema tratado (algo lógico) que decidió ser un mero ilustrador en vez de un creador.

Y vuelvo a repetirlo, cuando la gente dice que la película le resulta escalofriante no se da cuenta de que ese sentimiento proviene de los hechos que se cuentan (un documental nos lo provocaría igual) pero no tiene nada que ver con el trabajo de Spielberg.

Un saludo.

Nonchalant Debonair dijo...

A mí sin embargo ese epílogo me parece necesario. Esta película quiere dejar claro su mensaje. No homenajea a un hombre, sino a unos valores contrapuestos a todo el horror que hemos visto. Ensalza y pone en valor las pocas cosas que hacen que el ser humano merezca la pena. Y eso lo hace válido y emocionante para mí. Las películas son forma y fondo, artificio y contenido, medio y mensaje, y La Lista de Schindler carga las tintas en el segundo componente porque tiene una función militante. Y en eso, es perfecta y triunfa.

el cautivo dijo...

Todo el mundo que critica la Lista saca el mismo tema: el epílogo a color. y sí, es cierto que es bastante lamentable y bochornoso, pero no por eso resta méritos al resto de la película que, al menos para mí, está bastante potable.
Spielberg consique mantener el ritmo durante tres horas de película, creo que el personaje principal está bastante logrado, no siendo un tipo perfecto e inmaculado y se va empapando del horror que está viendo, hasta que el final donde se derrumba pensando que podía haber hecho más termina siendo más coherente que sensiblero. El blanco y negro sí puede ser una opción fácil, pero la fotografía de Kaminski siempre es una delicia, al igual que la música de John Williams.
¿que luego la película ha sido superada? Pues sí, el Pianista sin ir más lejos explica mejor el horror y es más contundente. Pero eso no resta méritos a la película de Spielberg

General Gato dijo...

Que voy a defender el posteo, leñe. ¿Peli manipuladora? ¡¡¡SÍ, JOER!!! Teníamos el final justito, después de ver a los nazis muy malos haciendo cosas contra los judíos muy buenos, y después... ¡¡¡SALEN LOS JODIDOS SUPERVIVIENTES PONIÉNDOLE PIEDRITAS A SCHINDLER!!! ¡¡¡PERO QUÉ LECHES ES ESTO, THE HISTORY CHANNEL O QUÉ!!! Lo malo de esta peli no es que esté mal rodada (de hecho, Spielberg le tapó la boca a mucha gente que lo veía como un director menor, y con razón), no es que la cuente desde un determinado punto de vista (todo el cine lo hace, y se supone que lo haga), sino que a medida que avanza el metraje va degenerando en un panfleto maniqueo en donde te dejan bien subrayado lo que debes pensar al final de la peli, porque Schindler es el Nuevo Moisés o poco menos. No en balde, Spielberg trató de hacer lo mismo con "Amistad", y le salió el tiro mal porque los esclavos del XIX no tienen el mismo tirón para las audiencias actuales que los judíos del XX. Y en cuanto a Spielberg, desde los '90s se lo ve demasiado ansioso porque lo reconozcan como director "serio", cuando el campo que mejor se le da es el cine de entretención pura y dura, género cuyos resortes maneja como nadie (lo que no significa demérito sino todo lo contrario, pese a lo que opine el sector más obtuso de la crítica cultureta).

No quiero desconocer el horror de los campos de concentración ni mucho menos (creo que el nombre de Holocausto es macabramente exacto para lo que ocurrió en esos pozos de infierno en la Tierra), ni tampoco desconocerle el derecho a Spielberg de tener una postura sobre el tema y defenderla con uñas y dientes, pero una de las lecciones más recurrentes y menos aprendidas por el cine militante, es que suele ser más efectivo dejar que la historia se cuente sola, y si lo haces con habilidad, terminarás por convencer al espectador lo mismo. Un ejemplo para mí en esto (por mencionar sólo uno, que hay más) podría ser la reciente "Los falsificadores", que tiene alcances muy distintos, pero no cae nunca en el maniqueísmo, e incluso con sugerir los peores horrores en vez de mostrarlos directamente, estomaga lo mismo.

Saludos.

José M. García dijo...

Me vais a perdonar, pero voy a realizar una respuesta colectiva para desarrollar mejor el argumento:

Hoy mismo lo hablaba con una amiga: como dice General Gato veo respetable que Spielberg vea la necesidad de dar su visión acerca del holocausto judío, pero aquí estamos hablando de cine y las intenciones no son suficientes para hacer bueno un film.

Estoy de acuerdo, El cautivo, de que técnicamente el film es más que correcto, pero queda vacío sin una mirada artística que le dé fuerza.

Desde un punto de vista humano, la película tiene toda mi admiración pero el fin no justifica los medios y el final me parece un subrayado ya no obvio sino del todo demagógico y difícilmente justificable (por lo general, incluso los admiradores del film tienen que reconocer lo indefendible de ese final).

Y en cuanto a "Amistad" sí, es un film también fallido pero, al menos, teníamos un impactante prólogo que demostraba la fuerza y el talento de Spielberg.

Un saludo a todos y perdonan por la tardanza en responder pero he sufrido algunos percances con mi conexión.